“Y al orar, no usen vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no se hagan semejantes a ellos, porque el Padre de ustedes sabe de qué cosas tienen necesidad antes que ustedes le pidan.” Mateo 6:7-8 RVA
Jesús en Mateo 6:7-8 nos enseña una verdad transformadora sobre la oración. Él nos invita a dejar de lado las repeticiones vacías y las palabras sin sentido, recordándonos que nuestro Padre celestial ya conoce nuestras necesidades antes de que las expresemos. Este mensaje no solo redefine nuestra perspectiva sobre la oración, sino que también nos llama a una relación más profunda y auténtica con Dios, basada en la confianza y la intimidad.
A lo largo de mi caminar con Jesús, he enfrentado desafíos en mi vida de oración. Hubo momentos en los que mi tiempo de oración se sentía más como una lista de tareas que debía completar, en lugar de una conversación sincera con alguien que amo. Martín Lutero un día dijo: "Tengo tantas cosas que hacer que debo invertir las primeras tres horas en oración".
Estas palabras, aunque inspiradoras, a menudo me llenaban de culpa, porque en mi día a día luchaba por dedicar siquiera media hora a orar. Sin embargo, también reconozco que hubo un tiempo en mi vida en el que ni siquiera sabía cómo orar, y mi relación con Dios se sentía distante.
Todo cambió cuando comencé a estudiar el modelo de oración que Jesús nos dejó: el Padre Nuestro. Esta oración, que muchos de nosotros conocemos desde la infancia, no es solo una fórmula para pedir perdón o presentar nuestras peticiones, sino un ejemplo de cómo conversar con Dios. Jesús nos dice: "Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan". Estas palabras me hicieron reflexionar profundamente.
A ver, si Dios ya conoce mis necesidades, ¿cuál es el propósito de la oración?
La respuesta la encontré en otra frase de Lutero que me marcó profundamente: "La oración no es para cambiar los planes de Dios, es para confiar y descansar en su soberana voluntad". Wow! Este entendimiento cambió mi perspectiva por completo. La oración no es un medio para informar a Dios de lo que necesito, porque Él ya lo sabe. Más bien, es un espacio donde puedo descansar en su presencia, confiar en su plan y fortalecer mi relación con Él. Es en la oración donde encuentro consuelo, dirección y la certeza de que soy escuchado por un Padre que me ama más de lo que puedo imaginar.
Hoy, mi tiempo de oración ya no se trata de cumplir con una obligación, sino de disfrutar de una conversación con mi Creador. Es un momento para abrir mi corazón, expresar mis pensamientos y escuchar su voz, sin importar la hora, las circunstancias, lo que suceda a mi alrededor.
La oración se ha convertido en el fundamento que me sostiene en los momentos de incertidumbre y en la fuente de paz que me guía en mi día a día.
Dedica tiempo a la oración no como una tarea, sino como un encuentro con el Dios que te ama profundamente. No te preocupes por las palabras perfectas; simplemente abre tu corazón y confía en que Él ya conoce tus necesidades. En la oración, encontrarás descanso, dirección y una relación más profunda con tu Padre celestial.
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Adrian Cepeda
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