MARCOS | CAPÍTULO 9


Gracias por acompañarnos en nuestro estudio de hoy.  Antes de adentrarnos en el capítulo 9 del Evangelio según San Marcos, es esencial comprender el contexto inmediato que lo precede. Los capítulos 7 y 8 no solo preparan el terreno doctrinal y espiritual, sino que también revelan la progresiva revelación de la identidad de Jesús y el entrenamiento intensivo de sus discípulos.

 

En Marcos 7, Jesús confronta a los fariseos y escribas por su énfasis en las tradiciones humanas por encima de los mandamientos de Dios (Marcos 7:1–13). Él declara que la verdadera impureza no proviene de lo que entra en el cuerpo, sino de lo que sale del corazón (Marcos 7:14–23). Esta enseñanza rompe con siglos de legalismo ritual y abre la puerta a una comprensión más profunda de la santidad.

 

Luego, Jesús viaja a territorio gentil, donde sana a la hija de una mujer sirofenicia (Marcos 7:24–30) y a un sordomudo en Decápolis (Marcos 7:31–37). Estos milagros muestran que el Reino de Dios no está limitado a Israel, sino que se extiende a todas las naciones.

 

Por otra parte, en Marcos 8, Jesús alimenta a una multitud de más de cuatro mil personas en territorio gentil (Marcos 8:1–9), reafirmando su compasión y poder. Luego, confronta a los fariseos que exigen una señal (Marcos 8:10–13) y advierte a sus discípulos sobre la “levadura” de los fariseos y de Herodes (Marcos 8:14–21), es decir, su hipocresía y corrupción.

 

Más adelante, sana a un ciego en Betsaida en dos etapas (Marcos 8:22–26), un milagro que simboliza la visión espiritual progresiva de los discípulos. Finalmente, Pedro confiesa que Jesús es el Cristo (Marcos 8:27–30), pero luego reprende a Jesús cuando este anuncia su sufrimiento y muerte (Marcos 8:31–33). Jesús, entonces, enseña que seguirle implica negarse a sí mismo, tomar la cruz y perder la vida por causa del Evangelio (Marcos 8:34–38).

 

Este trasfondo es vital para entender Marcos 9, donde Jesús comienza a revelar con mayor claridad su gloria, su misión redentora y el verdadero significado del liderazgo en su Reino. Empecemos…

 

MARCOS 9:1–29 – GLORIA, PODER Y FE EN EL CAMINO DEL DISCIPULADO

Entre los versículos 1 al 29 hay 3 temas muy importantes a tratar el cual veamoslo por separado.

 

A. La promesa del Reino en poder (Marcos 9:1)

Jesús, concluyendo su enseñanza anterior, declara: “De cierto les digo que algunos de los que están aquí no morirán hasta que vean llegar el reino de Dios con poder”. Esta afirmación ha sido interpretada de varias maneras, pero en su contexto inmediato apunta a la transfiguración que ocurre seis días después (v. 2). En ese evento, tres discípulos verán una manifestación gloriosa del Reino en la persona de Cristo, anticipando su resurrección y su segunda venida.

B. La transfiguración (Marcos 9:2–13)

Seis días después, Jesús toma consigo a Pedro, Jacobo y Juan, el círculo íntimo de sus discípulos a mi parecer, y los lleva a un monte alto, probablemente el monte Hermón. Allí, ocurre uno de los eventos más gloriosos del Nuevo Testamento: la transfiguración.

 

Ahora, aquí quisiera se detallemos con más profundidad seis puntos clave e importantes de la Transfiguración

 

·      Jesús se transfigura (v. 2–3)

Delante de ellos, Jesús se transfigura: su ropa se vuelve resplandeciente, blanca como la nieve, más allá de lo que cualquier lavador en la tierra podría lograr. Esta transformación no es solo un cambio externo, sino una revelación de su gloria, velada durante su ministerio terrenal. Este evento confirma que Jesús no es solo un profeta o maestro, sino el Hijo de Dios, el cumplimiento de la profecía de Daniel 7:13–14, donde el “Hijo del Hombre” recibe dominio eterno.

 

·      Moisés y Elías aparecen (v. 4)

Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas. Su presencia indica que todo el Antiguo Testamento encuentra su cumplimiento en Cristo. Hablan con Jesús, según Lucas 9:31, sobre su “éxodo”, es decir, su muerte redentora en Jerusalén.

 

·      La reacción de los discípulos (v. 5–6)

Pedro, abrumado por el temor y sin saber qué decir, propone hacer tres enramadas para Jesús, Moisés y Elías. Vemos que, su propuesta, aunque bien intencionada, revela su incomprensión: pone a Jesús al mismo nivel que Moisés y Elías, sin entender que Él es superior.

 

·      La voz del Padre (v. 7)

Una nube los cubre, símbolo de la presencia de Dios, y una voz desde la nube declara: “Éste es mi Hijo amado. ¡Escúchenlo!
Es la segunda vez que el Padre habla audiblemente en el Evangelio de Marcos (cf. Marcos 1:11). Esta declaración reafirma la identidad divina de Jesús y ordena a los discípulos que escuchen y obedezcan su enseñanza, especialmente sobre su sufrimiento y muerte.

 

·      El regreso a la normalidad (v. 8–10)

De repente, al mirar alrededor, ya no ven a nadie, sino solo a Jesús. Mientras descienden del monte, Jesús les ordena que no cuenten lo que han visto hasta que Él resucite. Los discípulos, confundidos, se preguntan qué significa “resucitar de los muertos”, mostrando que aún no comprenden plenamente su misión.

 

·      La pregunta sobre Elías (v. 11–13)

Los discípulos preguntan por qué los escribas dicen que Elías debe venir primero. Jesús responde que Elías ya vino, refiriéndose a Juan el Bautista (cf. Mateo 17:12–13), quien preparó el camino para el Mesías, pero fue rechazado y asesinado. Así también el Hijo del Hombre debe padecer.

 

C. El fracaso de los discípulos y la fe que vence (Marcos 9:14–29)

Al bajar del monte, Jesús encuentra a sus otros discípulos rodeados por una multitud y discutiendo con los escribas y es aquí donde un padre ha traído a su hijo poseído por un espíritu mudo, pero los discípulos no han podido expulsarlo. Veamos y analicemos lo siguiente:

 

·      El sufrimiento del niño (v. 17–18)

El padre describe cómo el espíritu atormenta a su hijo, arrojándolo al suelo, haciéndolo espumar, crujir los dientes y quedar rígido. Es una imagen desgarradora del poder destructivo del mal, donde revela tanto la condición humana de necesidad espiritual como la autoridad y compasión de Cristo.

 

El espíritu que atormenta al joven es descrito como "mudo", lo cual indica que no solo afecta físicamente al muchacho, sino que también lo aísla, impidiéndole comunicarse. Esto representa cómo el enemigo busca oprimir, aislar y destruir la vida humana. La violencia del espíritu (sacudidas, espumarajos, rechinar de dientes) muestra el poder destructivo del mal cuando no es confrontado por el poder de Dios.

 

·      La frustración de Jesús (v. 19)

Jesús responde: “¡Ay, gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”
Estas palabras expresan su dolor ante la falta de fe, tanto en los discípulos como en la multitud. Acá sucede algo interesante y a la vez preocupante porque e
l padre menciona que los discípulos intentaron expulsar al espíritu, pero no pudieron. Esto resalta una lección clave: el poder espiritual no proviene de fórmulas o rutinas religiosas, sino de una fe viva y dependiente de Dios. Jesús más adelante reprenderá la incredulidad de la generación y enseñará que este tipo de liberación requiere oración (y ayuno, según algunos manuscritos).

 

El padre representa a todos aquellos que, en medio del dolor, claman a Jesús por ayuda. Su actitud es de humildad y desesperación, reconociendo que solo Cristo puede hacer lo que el hombre no puede. Este clamor sincero es un modelo de intercesión y fe en medio de la duda.

 

Debemos entender que Jesús es la única fuente de verdadera libertad. Cuando las fuerzas del mal o las circunstancias nos superan, solo en Cristo encontramos poder para vencer, porque la fe no es opcional en la vida espiritual.
La falta de fe limita la obra de Dios en nosotros. La oración constante y la dependencia del Espíritu Santo son esenciales para vivir en victoria. Dios escucha el clamor del corazón sincero, aun cuando nuestra fe es débil o imperfecta, Dios responde al corazón que se acerca a Él con humildad.

 

·      El clamor del padre (v. 22–24)

El padre describe cómo el espíritu demoníaco ha intentado matar a su hijo, arrojándolo al fuego y al agua. Esto muestra el carácter destructivo del enemigo, que busca robar, matar y destruir (Juan 10:10).  El padre no solo está preocupado por la salud física de su hijo, sino también por su vida espiritual y emocional.

 

El padre, desesperado, dice: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos.” Primero vemos que, esta frase refleja una fe débil, mezclada con duda. El padre cree que Jesús puede ayudar, pero no está completamente seguro. Sin embargo, su petición es humilde, pero limitada por la incertidumbre. Aquí vemos una imagen clara de la lucha interna entre la fe y la incredulidad que muchos creyentes enfrentan.

Jesús le responde: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”, es decir, Jesús no reprende al padre, sino que lo dirige hacia el verdadero problema: la fe. Él afirma que “al que cree, todo le es posible”, no porque la fe sea mágica, sino porque la fe conecta al creyente con el poder ilimitado de Dios. La fe no es confianza en uno mismo, sino en el carácter y la capacidad de Dios.

 

El padre entonces exclama una de las oraciones más sinceras y conmovedoras de la Biblia: “¡Creo; ayuda mi incredulidad!”. Esta declaración refleja la lucha interna entre la fe y la duda, una experiencia común para muchos creyentes. El padre reconoce que tiene fe, pero también admite que su fe es imperfecta. Esta oración muestra que Dios no exige una fe perfecta, sino un corazón sincero y dependiente. Jesús responde a esta fe humilde y quebrantada.

 

Amado, no necesitas una fe perfecta para acercarte a Dios; solo necesitas un corazón dispuesto a confiar en Él y a pedirle ayuda incluso para creer. La fe es el canal por el cual accedemos al poder de Dios. No se trata de cuánto creemos, sino en quién creemos. Jesús es digno de toda nuestra confianza. Dios no se ofende por nuestras dudas cuando venimos a Él con humildad. Él honra la transparencia y responde con gracia.

 

 

·      La liberación del niño (v. 25–27)

Observemos la autoridad absoluta de Jesús sobre el mundo espiritual:
Jesús no realiza un ritual ni depende de fórmulas humanas. Él reprende directamente al espíritu inmundo con una orden clara: “sal de él, y no entres más en él.” Esta declaración muestra que Jesús tiene poder soberano sobre los demonios, y que su palabra es suficiente para liberar.

 

Posteriormente, vemos la naturaleza destructiva del mal y la resistencia del enemigo, porque el espíritu no se va sin luchar. El texto dice que “clamando y sacudiéndole con violencia, salió.” Esto revela que el mal no suelta fácilmente a sus víctimas, pero también que no puede resistir la autoridad de Cristo. El proceso de liberación puede ser intenso, pero el resultado es la victoria.

 

Después de la liberación, el joven queda como muerto, y muchos piensan que ha fallecido. Esto simboliza que la liberación espiritual puede parecer, desde fuera, una pérdida o una crisis, pero en realidad es el comienzo de una nueva vida. Jesús lo toma de la mano, lo levanta y lo restaura, mostrando que Él no solo libera, sino que también restaura completamente.

 

Finalmente, Jesús no solo ordena al espíritu salir, sino que se acerca, toca y levanta al muchacho. Esto refleja el corazón pastoral de Cristo: Él no solo quiere liberarnos del mal, sino también levantarnos, sanarnos y devolvernos la dignidad.

 

·      La enseñanza sobre la oración (v. 28–29)

En privado, los discípulos preguntan por qué no pudieron expulsar al demonio. Jesús responde: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”
Aquí Jesús enseña que la autoridad espiritual no se sostiene solo con experiencia pasada, sino con una vida de comunión constante con Dios. La oración y la dependencia del Padre son esenciales para el ministerio eficaz.

 

La pregunta de los discípulos muestra que ellos esperaban tener poder por sí mismos, probablemente confiando en experiencias pasadas (cf. Marcos 6:13, donde expulsaron demonios). Sin embargo, este fracaso revela que el poder espiritual no es automático ni mecánico, sino que depende de una relación viva y constante con Dios.

 

Algo que adicionalmente me llama la atencion, es la frase de Jesús cuando responde que “este género”, refiriéndose a un tipo particularmente fuerte de espíritu maligno, no puede ser expulsado sin oración y ayuno. Esto indica que hay niveles de oposición espiritual que requieren una preparación más profunda, una vida consagrada y una dependencia total del poder de Dios como mencioné anteriormente.

 

     Algo que aprendi hace mucho tiempo es que, La oración no es solo una herramienta, sino el medio por el cual el creyente se alinea con la voluntad y el poder de Dios. La falta de oración refleja autosuficiencia, mientras que una vida de oración constante demuestra humildad y dependencia, y con respecto al ayuno, debemos entender que es como disciplina espiritual, y sabes que, aunque algunos manuscritos antiguos omiten la palabra "ayuno", su inclusión en muchas versiones refleja una práctica bíblica que acompaña la oración en momentos de lucha espiritual intensa. El ayuno no manipula a Dios, pero nos disciplina, nos vacía de nosotros mismos y nos enfoca en lo eterno.

 

No podemos enfrentar batallas espirituales con fuerzas humanas. Necesitamos una vida de oración profunda y continua para caminar en autoridad espiritual. La oración y el ayuno nos preparan para desafíos mayores. Son disciplinas que nos conectan con el corazón de Dios y nos capacitan para enfrentar lo que no podemos vencer solos.

 

SEGUNDO ANUNCIO DE LA PASIÓN Y LA INCOMPRENSIÓN DE LOS DISCÍPULOS (Marcos 9:30–32)

Después de la transfiguración y la liberación del niño endemoniado, Jesús y sus discípulos continúan su camino a través de Galilea. Pero esta vez, Jesús no quiere que nadie lo sepa (v. 30). Pregunto, ¿Por qué? Porque desea concentrarse en la enseñanza privada a sus discípulos. El tiempo de su pasión se acerca, y ellos deben estar preparados.

 

Jesús les dice claramente: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.” (v. 31)

 

Este es el segundo anuncio explícito de su muerte y resurrección (cf. Marcos 8:31). Jesús no está siendo simbólico ni poético. Está hablando con claridad profética sobre su misión redentora. Sin embargo, los discípulos “no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle” (v. 32).

 

Este versículo es revelador. A pesar de haber visto su gloria en el monte y su poder sobre los demonios, los discípulos aún no comprenden que el camino del Mesías pasa por el sufrimiento. Su temor a preguntar muestra su confusión interna y su resistencia a aceptar una verdad que contradecía sus expectativas mesiánicas triunfalistas.

 

EL VERDADERO LIDERAZGO EN EL REINO DE DIOS (Marcos 9:33–37)

Al llegar a Capernaum, Jesús les pregunta: “¿Qué tanto discutían ustedes en el camino?” (v. 33). Los discípulos guardan silencio, porque habían estado discutiendo sobre quién de ellos sería el mayor (v. 34). Esta escena es profundamente irónica. Mientras Jesús habla de su muerte, ellos discuten sobre su estatus. Mientras el Maestro se prepara para servir hasta la cruz, los discípulos se preocupan por su posición.

 

Jesús entonces se sienta, una postura rabínica de enseñanza formal, y les dice: “Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y el servidor de todos.” (v. 35)

Aquí Jesús redefine completamente el concepto de liderazgo. En el Reino de Dios, la grandeza no se mide por el poder, sino por el servicio. Ser “el primero” implica voluntariamente hacerse “el último”, poniéndose al servicio de los demás, especialmente de los más débiles.

Para ilustrarlo, Jesús toma a un niño, lo pone en medio de ellos, lo abraza y dice:
El que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió.” (v. 37)

 

En la cultura del primer siglo, los niños no tenían estatus ni derechos. Eran considerados los más pequeños, los más insignificantes. Jesús usa al niño como símbolo de humildad, dependencia y vulnerabilidad. Recibir a un niño en su nombre es acoger a los más débiles, a los que no pueden devolver el favor. Y hacerlo es recibir al mismo Cristo y al Padre que lo envió.

 

LA INCLUSIÓN DE OTROS SIERVOS DE CRISTO (Marcos 9:38–41)

Juan, uno de los discípulos más cercanos a Jesús, le dice: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero se lo prohibimos, porque no es de los nuestros.” (v. 38). Esta declaración revela una actitud exclusivista. Los discípulos pensaban que solo ellos, como el círculo íntimo de Jesús, tenían autoridad para ministrar en su nombre. Pero Jesús responde con una enseñanza correctiva: “No se lo prohíban, porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre, y luego hablar mal de mí.” (v. 39), Jesús está enseñando que el Reino de Dios es más amplio que nuestro grupo inmediato. No todos los siervos de Cristo estarán bajo nuestra supervisión directa, pero si actúan en su nombre y conforme a su voluntad, son parte del mismo cuerpo.

 

Luego añade: “El que no está contra nosotros, está a favor de nosotros.” (v. 40), esto no significa que todo el que mencione el nombre de Jesús está automáticamente aprobado (cf. Mateo 7:21–23), pero sí que debemos tener cuidado de no excluir a verdaderos creyentes solo porque no pertenecen a nuestro círculo.

 

Jesús concluye con una promesa: “De cierto les digo que cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre, por ser ustedes de Cristo, no perderá su recompensa.” (v. 41), aquí vemos que incluso los actos más pequeños de servicio, cuando se hacen por amor a Cristo, tienen valor eterno. El Reino de Dios no se edifica solo con grandes milagros, sino también con gestos sencillos de amor y hospitalidad.

 

LA GRAVEDAD DEL ESCÁNDALO Y EL LLAMADO A LA PUREZA (Marcos 9:42–50)

Aquí entramos a algo fuerte, porque Jesús cambia el tono y entra en una sección de advertencias serias y solemnes. Revisemos detenidamente esta sección:

 

A. No hacer tropezar a los pequeños (v. 42)

“Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.”

Aquí, “pequeñitos” puede referirse tanto a niños como a creyentes humildes y vulnerables. 

 

Jesús utiliza un lenguaje fuerte y gráfico para enfatizar la gravedad de hacer tropezar a otro en su fe. El término "tropezar" (del griego skandalizó) implica hacer caer, desviar o ser piedra de tropiezo espiritual. Esto puede incluir escándalo, mal ejemplo, falsa enseñanza o abuso de autoridad espiritual. En otras palabras, hacerlos tropezar significa escandalizarlos, llevarlos al pecado o apartarlos de la fe, y para esto, Jesús usa una imagen extrema, muy extrema, una piedra de molino atada al cuello, para enfatizar la gravedad del pecado de escandalizar a otros.

 

Él muestra un cuidado especial por estos “ninos” rdfieiendose a efiere a los creyentes humildes, débiles o nuevos en la fe y exige que los demás también lo hagan. Dios protege celosamente a los suyos, y advierte contra cualquier forma de daño espiritual.

 

Este versículo también tiene implicaciones para líderes, maestros y creyentes maduros, quienes tienen una mayor responsabilidad de cuidar, edificar y no dañar a los más vulnerables en la fe. Jesús está enseñando que la influencia espiritual debe ejercerse con temor de Dios, humildad y amor.

 

B. Cortar lo que lleva al pecado (v. 43–48)

Jesús continúa con una serie de advertencias hiperbólicas:

 

·       “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala…”

·       “Si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo…”

·       “Si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo…”

 

Estas expresiones no deben tomarse literalmente, sino como una forma dramática de enseñar que debemos tratar el pecado con seriedad radical. Nada, ni siquiera algo tan valioso como una mano, un pie o un ojo, debe interponerse entre nosotros y la santidad.

 

Jesús no está promoviendo la automutilación literal, sino usando hipérboles intencionales para enseñar que debemos tratar el pecado con seriedad extrema. La mano, el pie y el ojo representan acciones, caminos y deseos que pueden llevarnos a pecar. Si algo en nuestra vida nos aleja de Dios, debemos estar dispuestos a renunciar a ello, sin importar el costo.

 

Jesús menciona repetidamente el infierno, un lugar de castigo eterno, donde “el gusano no muere, y el fuego nunca se apaga” (cf. Isaías 66:24). Esta es una de las enseñanzas más claras de Jesús sobre la realidad del juicio eterno. La santidad no es opcional; es una evidencia de la vida nueva en Cristo (cf. Hebreos 12:14). El infierno es real, consciente y eterno, y Jesús no lo minimiza, sino que lo presenta como una advertencia seria.

 

C. Ser salados con fuego (v. 49–50)

“Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.”

Esta frase puede entenderse como una referencia a la purificación espiritual a través de pruebas. En el Antiguo Testamento, la sal era parte de los sacrificios (Levítico 2:13), simbolizando pureza, preservación y pacto. El fuego, por su parte, representa prueba, juicio o purificación. Jesús enseña que todos los creyentes pasarán por procesos de refinamiento, donde su fe será probada y fortalecida.

En otras palabras, Jesús está diciendo que sus discípulos serán purificados por pruebas (fuego) y preservados por la sal del compromiso con Dios, que la vida cristiana es un sacrificio vivo (cf. Romanos 12:1), y debe estar marcada por la fidelidad y la pureza.

 

La sal es buena. Pero si la sal se hace insípida, ¿con qué le devolverán su sabor? Tengan sal en ustedes mismos, y vivan en paz unos con otros” (v. 50). La sal representa el carácter distintivo del cristiano: pureza, integridad, fidelidad. Entonces, Jesús afirma que la sal es buena, pero advierte que, si pierde su sabor, pierde su propósito. En el contexto bíblico, la sal representa el testimonio, la verdad, la sabiduría y la integridad del creyente. Si un cristiano pierde su “sabor” espiritual, es decir, su carácter y testimonio, su influencia se desvanece.

 

Jesús concluye con un llamado a la vida interior transformada (“Tengan sal en ustedes mismos”) y a la unidad y armonía en la comunidad de fe (“vivan en paz unos con otros”). Esto implica que la vida cristiana no solo se trata de evitar el pecado, sino de cultivar virtud, carácter y relaciones saludables.

 

El capítulo 9 de Marcos es una poderosa combinación de revelación gloriosa, enseñanza profunda y advertencias solemnes. Jesús muestra su gloria en la transfiguración, pero también su humildad al hablar de su muerte. Enseña que el liderazgo en su Reino no es dominio, sino servicio. Que la fe verdadera se expresa en dependencia, humildad y pureza.


Este capítulo lleno de enseñanza, lo podemos ver como a un líder que ha sido promovido en su iglesia o ministerio. En lugar de buscar reconocimiento, decide invertir su tiempo en discipular a nuevos creyentes, visitar a los enfermos y servir en tareas humildes. Este líder ha comprendido que la grandeza en el Reino de Dios no se mide por el título, sino por el servicio.


¿Estás dispuesto a ser el último para servir a otros? ¿Estás cuidando tu vida espiritual con la seriedad que Jesús demanda? ¿Estás dispuesto a cortar de raíz todo aquello que te lleva al pecado?

 

El llamado de Jesús es claro y radical. Él no busca admiradores, sino discípulos comprometidos. Dispuestos a negarse a sí mismos, a servir a los más pequeños, a vivir en santidad y a perseverar en la fe.

 

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Que el Señor te conceda la gracia de vivir como verdadero discípulo, con ojos abiertos a su gloria, manos dispuestas a servir y un corazón limpio para su Reino.

 

¡Gracia y Paz!

 

Adrian Cepeda

Director General

acepeda@cemuproducciones.com

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