MATEO | CAPÍTULO 7


En los capítulos anteriores del Evangelio de Mateo, hemos sido testigos del inicio del ministerio de Jesús y de sus enseñanzas fundamentales. En el capítulo 4, Jesús es llevado al desierto para ser tentado por el diablo, demostrando su fidelidad y resistencia al pecado. Tras superar estas pruebas, Jesús comienza a predicar en Galilea, proclamando el reino de los cielos y llamando a sus primeros discípulos (Mateo 4:1-25). En el capítulo 5, Jesús inicia el Sermón del Monte, donde enseña sobre la verdadera justicia y el carácter del reino de Dios. Comienza con las Bienaventuranzas, que describen a quienes son considerados bendecidos en el reino de los cielos, y continúa explicando cómo sus seguidores deben ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Jesús aclara que no ha venido a abolir la Ley, sino a cumplirla, y enseña que la verdadera justicia va más allá de las acciones externas, abarcando también las actitudes del corazón (Mateo 5:1-48).

En el capítulo 6, Jesús continúa su enseñanza en el Sermón del Monte, enfocándose en la sinceridad de nuestras acciones y motivaciones. Nos recuerda que Dios se preocupa profundamente por el estado de nuestros corazones, no solo por nuestras acciones externas. Jesús nos advierte que incluso las buenas obras deben ser realizadas con sinceridad para ser verdaderamente justas. Aparentar piedad para recibir la aprobación de los demás no es del agrado de Dios. Jesús ilustra esta enseñanza con varios ejemplos, como la hipocresía al dar a los necesitados, la oración y el ayuno. Nos enseña que nuestra caridad debe ser discreta, de tal manera que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. La verdadera generosidad busca glorificar a Dios, no al dador, y Dios recompensará a quienes dan con humildad y sinceridad (Mateo 6:1-18).

Al llegar al capítulo 7, Jesús concluye el Sermón del Monte con enseñanzas que han tenido un profundo impacto en la cultura occidental. Comienza advirtiéndonos sobre el juicio hacia los demás, una instrucción que a menudo se malinterpreta. Jesús nos llama a no juzgar de manera arrogante e hipócrita, recordándonos que seremos juzgados con la misma medida que usemos para juzgar a los demás. Nos insta a abordar nuestros propios pecados antes de intentar corregir a otros, enfatizando que el objetivo siempre debe ser ayudar, no condenar (Mateo 7:1-5).

Jesús también nos advierte que no todas las personas son receptivas a la verdad. Nos aconseja no desperdiciar nuestros esfuerzos en aquellos que son hostiles hacia el mensaje del evangelio, utilizando la metáfora de no echar perlas delante de los cerdos. Esta advertencia nos recuerda que debemos ser sabios en cómo compartimos la verdad, discerniendo cuándo es prudente hacerlo (Mateo 7:6).

A continuación, Jesús nos asegura que Dios está atento a las oraciones de sus hijos. Nos anima a pedir, buscar y llamar, prometiendo que Dios responderá a quienes lo busquen sinceramente. Esta enseñanza nos muestra la bondad de Dios como Padre, quien da buenas cosas a sus hijos, y nos recuerda que debemos acercarnos a Él con confianza y fe (Mateo 7:7-11).

Luego de esto, Jesús introduce la "regla de oro", un principio fundamental que resume la ley y los profetas: "Hagan por los demás lo que quieren que los demás hagan por ustedes". Este mandamiento positivo nos desafía a actuar con amor y consideración hacia los demás, reflejando el carácter de Dios en nuestras interacciones diarias (Mateo 7:12).

Jesús describe dos caminos: uno estrecho que conduce a la vida y otro ancho que lleva a la destrucción. Nos insta a elegir el camino estrecho, reconociendo que es el único que conduce a la vida eterna. Esta enseñanza enfatiza que seguir a Cristo requiere compromiso y decisión, y que muchos optarán por el camino fácil que lleva a la perdición (Mateo 7:13-14).

Jesús advierte sobre los falsos profetas, comparándolos con lobos disfrazados de ovejas. Nos instruye a identificarlos por sus frutos, ya que un árbol bueno no puede dar malos frutos. Esta advertencia nos llama a discernir y evaluar las enseñanzas y vidas de aquellos que afirman hablar en nombre de Dios, asegurándonos de que sus acciones reflejen la verdad del evangelio (Mateo 7:15-20).

Jesús también aborda el autoengaño espiritual, advirtiendo que no todos los que lo llaman "Señor" entrarán en el reino de los cielos. Solo aquellos que hacen la voluntad del Padre serán bienvenidos. Esta enseñanza nos recuerda que la fe genuina se manifiesta en la obediencia y el compromiso con Cristo, y que las obras por sí solas no son suficientes para asegurar nuestra salvación (Mateo 7:21-23).

El sermón concluye con una ilustración sobre la importancia de poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Compara a quienes escuchan y obedecen sus palabras con un hombre sabio que construye su casa sobre la roca, mientras que aquellos que no lo hacen son como un hombre insensato que edifica sobre la arena. Cuando llegan las tormentas, solo la casa sobre la roca permanece firme. Esta metáfora nos desafía a construir nuestras vidas sobre el fundamento sólido de Cristo, asegurándonos de que nuestra fe sea genuina y resistente a las pruebas de la vida (Mateo 7:24-27).

En este capítulo nos damos cuenta de que Jesús nos llama a una vida de integridad, discernimiento y obediencia. Que estas palabras nos inspiren a vivir con fe y confianza en la provisión y el amor de Dios, construyendo nuestras vidas sobre el fundamento sólido de Cristo. 

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