MATEO | CAPÍTULO 6


En los capítulos anteriores del Evangelio de Mateo, hemos sido testigos del inicio del ministerio de Jesús, comenzando con su bautismo por Juan el Bautista en el capítulo 3. Este evento marcó el comienzo de su misión pública, con el Espíritu Santo descendiendo sobre Él y la voz de Dios Padre afirmando su identidad como Hijo amado (Mateo 3:16-17). En el capítulo 4, Jesús es llevado al desierto para ser tentado por el diablo, demostrando su fidelidad y resistencia al pecado. Tras superar estas pruebas, Jesús comienza a predicar en Galilea, proclamando el reino de los cielos y llamando a sus primeros discípulos (Mateo 4:1-25).

El capítulo 5 introduce el Sermón del Monte, donde Jesús enseña sobre la verdadera justicia y el carácter del reino de Dios. Comienza con las Bienaventuranzas, que describen a quienes son considerados bendecidos en el reino de los cielos, y continúa explicando cómo sus seguidores deben ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Jesús aclara que no ha venido a abolir la Ley, sino a cumplirla, y enseña que la verdadera justicia va más allá de las acciones externas, abarcando también las actitudes del corazón (Mateo 5:1-48).

Al llegar al capítulo 6, Jesús continúa su enseñanza en el Sermón del Monte, enfocándose en la sinceridad de nuestras acciones y motivaciones. Nos recuerda que Dios se preocupa profundamente por el estado de nuestros corazones, no solo por nuestras acciones externas. Jesús nos advierte que incluso las buenas obras deben ser realizadas con sinceridad para ser verdaderamente justas. Aparentar piedad para recibir la aprobación de los demás no es del agrado de Dios.

Jesús ilustra esta enseñanza con varios ejemplos. Primero, nos advierte sobre la hipocresía al dar a los necesitados. En su tiempo, algunos daban sus ofrendas en las sinagogas y en las calles para coincidir con los toques de trompeta del templo, asegurándose de que las multitudes los vieran y los elogiaran por su generosidad. Jesús llama a estas personas hipócritas, afirmando que ya han recibido toda la recompensa que buscaban. Nos enseña que nuestra caridad debe ser discreta, de tal manera que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. La verdadera generosidad busca glorificar a Dios, no al dador, y Dios recompensará a quienes dan con humildad y sinceridad (Mateo 6:1-4).

A continuación, Jesús nos advierte sobre la hipocresía en la oración. Nos insta a no ser como los líderes religiosos que oran en público para ser vistos y escuchados por los demás. En cambio, nos anima a orar en privado, confiando en que nuestro Padre celestial nos escucha y nos recompensará. Jesús no está diciendo que orar en público sea incorrecto, sino que la motivación de nuestro corazón debe ser sincera, no una actuación para impresionar a otros (Mateo 6:5-6).

Jesús también nos advierte contra las oraciones vacías y repetitivas, como las de los paganos que recitan frases sin sentido. Nos recuerda que Dios no necesita palabras vacías, sino una comunicación sincera. La oración genuina significa confiar en que Dios conoce nuestras necesidades y comunicarnos con Él de manera auténtica (Mateo 6:7-8).

Para guiarnos en la oración, Jesús nos ofrece un modelo simple conocido como el "Padre Nuestro". Este ejemplo no es una fórmula mágica, sino un esquema que nos enseña a orar con las motivaciones correctas. Nos dirigimos a Dios como nuestro Padre, declaramos su santidad y pedimos que se cumpla su voluntad en la tierra. Luego, pedimos por nuestras necesidades diarias, el perdón de nuestros pecados y la liberación de la tentación y el mal. Finalmente, pedimos el perdón de Dios y prometemos perdonar a los demás (Mateo 6:9-13).

Jesús enfatiza la importancia del perdón en la vida de un creyente. Nos recuerda que aquellos que han sido perdonados por Dios deben apreciar ese perdón y extenderlo a los demás. La falta de perdón indica una falta de aprecio por el perdón que hemos recibido (Mateo 6:14-15).

Después de hablar sobre la oración, Jesús vuelve a advertirnos sobre la hipocresía en el ayuno. Nos insta a no mostrar tristeza ni descuidar nuestra apariencia para que los demás vean lo espirituales que somos. En cambio, debemos ayunar para Dios, no para ser vistos por los demás. Dios verá nuestro ayuno sincero y nos recompensará (Mateo 6:16-18).

Jesús también aborda el tema del dinero y las posesiones. Nos advierte que no debemos acumular tesoros en la tierra, donde son temporales y perecederos. En cambio, debemos acumular tesoros en el cielo, tomando decisiones que demuestren nuestra devoción sincera a Dios. La forma en que invertimos nuestro tiempo, dinero y emociones revela nuestras verdaderas prioridades (Mateo 6:19-21).

Jesús nos recuerda que no podemos servir a dos amos. Debemos elegir entre Dios y el dinero, ya que no podemos servir a ambos. Vivir solo para el dinero nos ciega a la verdadera luz de Dios (Mateo 6:22-24).

Finalmente, Jesús nos habla sobre la preocupación por nuestras necesidades básicas. Nos insta a no angustiarnos por lo que comeremos o vestiremos, recordándonos que Dios cuida de las aves y viste a los lirios, y nosotros somos mucho más valiosos para Él. Preocuparnos no añade nada a nuestras vidas. En cambio, debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que Él proveerá todo lo que necesitamos. Debemos dejar que el mañana se preocupe por sí mismo y confiar en Dios para enfrentar los desafíos de hoy (Mateo 6:25-34).

En este capítulo, nos damos cuenta de que Jesús nos llama a vivir con integridad y sinceridad, confiando en Dios para nuestras necesidades y buscando su reino por encima de todo. 

Que estas palabras nos inspiren a vivir con fe y confianza en la provisión y el amor de Dios.

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