Para comprender el capítulo 19 del Evangelio de Mateo, es esencial situarnos en el contexto de los capítulos anteriores, donde Jesús ha estado preparando a sus discípulos para los eventos que culminarán en su pasión y resurrección.
En el capítulo 17, la Transfiguración revela la gloria divina de Jesús, confirmando su identidad y autoridad ante Pedro, Santiago y Juan (Mateo 17:1-8). En el capítulo 18, Jesús enseña sobre la humildad, el perdón y la disciplina dentro de la comunidad de fe, mencionando la importancia de la reconciliación y el cuidado mutuo (Mateo 18:1-35).
El capítulo 19 comienza con Jesús dejando Galilea y dirigiéndose hacia Judea, cruzando el Jordán hacia la región de Perea. Grandes multitudes lo siguen, y Jesús continúa sanando a los enfermos (Mateo 19:1-2). En este contexto, algunos fariseos se acercan a Jesús con la intención de ponerlo a prueba, preguntándole si es lícito que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier causa (Mateo 19:3).
La pregunta de los fariseos refleja un debate contemporáneo sobre las causas legítimas para el divorcio, basado en diferentes interpretaciones de la ley mosaica. Jesús responde citando el Génesis, recordando el diseño original de Dios para el matrimonio: "Desde el principio, el Creador los hizo varón y hembra" (Mateo 19:4). Jesús enfatiza que el matrimonio es una unión sagrada en la que dos se convierten en una sola carne, y lo que Dios ha unido, el hombre no debe separar (Mateo 19:5-6). Esta enseñanza marca la intención de Dios de que el matrimonio sea un compromiso permanente y exclusivo.
Vemos en los versículos del 7 al 12,que los fariseos, buscando desafiar a Jesús, mencionan la provisión de Moisés para el divorcio en Deuteronomio 24, donde se permite dar un certificado de divorcio por "indecencia" (Mateo 19:7). Jesús explica que esta concesión fue hecha debido a la dureza del corazón humano, pero no refleja el propósito original de Dios para el matrimonio (Mateo 19:8).
Jesús establece que el divorcio y el nuevo matrimonio constituyen adulterio, excepto en casos de inmoralidad sexual (Mateo 19:9). Esta declaración sorprende a los discípulos, quienes sugieren que sería mejor no casarse si el matrimonio es tan vinculante (Mateo 19:10). Jesús responde que no todos pueden aceptar esta enseñanza, sino solo aquellos a quienes se les ha dado la capacidad de vivir en celibato, mencionando a los eunucos como ejemplos de aquellos que renuncian al matrimonio por el reino de los cielos (Mateo 19:11-12). Esta enseñanza destaca tanto la santidad del matrimonio como el valor del celibato como una vocación especial.
A continuación, en los versículos 13-15, algunas personas traen niños a Jesús para que los bendiga, pero los discípulos los reprenden (Mateo 19:13). Jesús, sin embargo, corrige a sus discípulos y les dice que dejen que los niños vengan a él, porque el reino de los cielos pertenece a los que son como ellos (Mateo 19:14). Jesús pone sus manos sobre los niños y se va de allí (Mateo 19:15). Este episodio resalta la importancia de la humildad, la confianza y la dependencia, cualidades que los niños ejemplifican y que son esenciales para entrar en el reino de los cielos.
Más adelante, un joven se acerca a Jesús preguntando qué debe hacer para obtener la vida eterna, llamándolo "Maestro bueno" (Mateo 19:16). Jesús responde que solo Dios es bueno y le recuerda los mandamientos (Mateo 19:17). El joven afirma haber guardado todos estos mandamientos y pregunta qué más le falta (Mateo 19:20).
Jesús le dice que si quiere ser perfecto, debe vender sus posesiones, dar el dinero a los pobres y seguirlo (Mateo 19:21). El joven, al escuchar esto, se va triste porque tiene muchas riquezas (Mateo 19:22). Este encuentro revela el desafío que las riquezas pueden representar para la vida espiritual, ya que pueden convertirse en un obstáculo para seguir a Jesús plenamente.
Luego de esto, Jesús comenta a sus discípulos en los versículos 23-26, que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos, comparándolo con un camello pasando por el ojo de una aguja (Mateo 19:23-24). Los discípulos, asombrados, preguntan quién puede salvarse entonces (Mateo 19:25). Jesús responde que para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible (Mateo 19:26). Esto nos enseña la dependencia total de la gracia de Dios para la salvación, más allá de las capacidades humanas.
Pedro, en representación de los discípulos, pregunta qué recibirán ellos, que han dejado todo para seguir a Jesús (Mateo 19:27). Jesús les asegura que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono, ellos también se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28). Además, promete que cualquiera que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por su nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna (Mateo 19:29). Jesús concluye con una advertencia de que muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros (Mateo 19:30). Esta enseñanza reafirma el valor del sacrificio por el reino y la inversión en tesoros celestiales.
El capítulo 19 de Mateo nos desafía a considerar nuestras prioridades y el costo del discipulado.
Jesús nos llama a valorar el matrimonio como una institución sagrada, a vivir con humildad y confianza como los niños, y a desprendernos de las riquezas terrenales que pueden obstaculizar nuestra relación con Dios. Nos recuerda que la salvación es un regalo de Dios, no algo que podamos ganar por nuestros propios méritos.
El llamado de Jesús a seguirlo con todo nuestro ser es radical y transformador.
Que esta enseñanza nos inspire a vivir con integridad, a buscar el reino de Dios por encima de todo y a confiar en su provisión y gracia.
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