“¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño!” Salmo 32:2 NBLA
El Salmo 32 es un cántico de David relacionado con el gozo del perdón. David describe primero el peso de guardar silencio y dice que el pecado oculto lo estaba consumiendo por dentro y luego llega un momento decisivo: “Te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad” (Salmo 32:5). David deja de esconder su pecado y se presenta delante de Dios tal como está y allí encuentra misericordia.
Esto toca algo profundamente humano en nosotros, que cuando fallamos, nuestra primera reacción puede ser alejarnos, dejamos de orar con libertad, evitamos abrir la Biblia, nos sentimos incómodos delante de Dios y comenzamos a creer que tenemos que mejorar primero para volver a acercarnos y esa lógica se parece demasiado a la de Adán después de su pecado: “Tuve miedo y me escondí” (Génesis 3:10), pero el evangelio nos conduce en otra dirección. No necesitamos limpiarnos primero para acercarnos al Dios que perdona, amados, nos acercamos a Él precisamente porque necesitamos su perdón porque en Cristo tenemos una seguridad que no depende de nuestra perfección, sino de su obra perfecta.
Tal vez hoy nosotros necesitamos hacer exactamente eso, dejar de huir, dejar de ocultar, confesar, descansar, volver a recordar que nuestra esperanza no está en lo bien que hemos vivido esta semana, sino en la misericordia de Dios que nos alcanza en Cristo.
Cuando la culpa te diga “escóndete de Dios”, responde con la Palabra: “Dios es mi refugio”.
Si hoy estás atravesando una lucha, una culpa, una carga familiar, espiritual o personal, no tenés que llevarla solo. Podés enviarnos tu petición de oración a oraciones@cemu.com.ar., siempre será un privilegio acompañarte en oración delante del Padre.
No te quedes solamente con esta palabra
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¿Qué palabra describe mejor lo que necesitás hacer hoy: confesar, volver, descansar o refugiarte? Escribí una de ellas en los comentarios y contanos brevemente por qué.
