En los capítulos anteriores del Evangelio de Mateo, hemos sido testigos de la autoridad y compasión de Jesús a través de sus enseñanzas y milagros. En el capítulo 7, Jesús concluye el Sermón del Monte, donde instruye a sus seguidores sobre la verdadera justicia, la importancia de no juzgar a los demás y la necesidad de construir nuestras vidas sobre el fundamento sólido de sus enseñanzas (Mateo 7:1-27). En el capítulo 8, Mateo nos presenta una serie de milagros que demuestran el poder de Jesús sobre las enfermedades, los demonios y la naturaleza. Jesús sana a un leproso, al siervo de un centurión y a la suegra de Pedro, y calma una tormenta en el mar. Estos actos no solo muestran su autoridad divina, sino que también revelan su compasión por aquellos que sufren (Mateo 8:1-34).
Al llegar al capítulo 9, Mateo continúa relatando los milagros de Jesús, enfatizando su poder para sanar, perdonar y restaurar vidas. Este capítulo comienza con el relato de un paralítico que es llevado a Jesús por sus amigos. Jesús, al ver la fe de ellos, le dice al hombre que sus pecados son perdonados. Esta declaración provoca la indignación de algunos escribas presentes, quienes acusan a Jesús de blasfemia, ya que solo Dios puede perdonar pecados. Para demostrar su autoridad divina, Jesús sana al paralítico, permitiéndole levantarse y caminar. Este milagro no solo asombra a la multitud, sino que también los lleva a alabar a Dios (Mateo 9:1-8).
A continuación, Jesús llama a Mateo, un recaudador de impuestos, para que lo siga. Mateo, dejando atrás su vida anterior, se convierte en uno de los discípulos de Jesús. Poco después, Jesús comparte una comida en la casa de Mateo con otros recaudadores de impuestos y pecadores. Los fariseos, al ver esto, cuestionan a los discípulos de Jesús sobre por qué su maestro se asocia con personas de mala reputación. Jesús responde con una metáfora médica, explicando que los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Él ha venido a llamar a los pecadores al arrepentimiento, no a los justos (Mateo 9:9-13).
Los discípulos de Juan el Bautista se acercan a Jesús para preguntar por qué sus discípulos no ayunan como ellos y los fariseos. Jesús responde con tres ilustraciones: los invitados a una boda no ayunan mientras el novio está presente; no se pone un remiendo nuevo en un vestido viejo; y no se echa vino nuevo en odres viejos. Estas metáforas indican que el ministerio de Jesús introduce una nueva era que no puede ser contenida por las viejas tradiciones (Mateo 9:14-17).
Mientras Jesús está hablando, un líder de la sinagoga se acerca a él, rogándole que resucite a su hija que acaba de morir. En el camino a la casa del líder, una mujer que ha sufrido de hemorragias durante doce años toca el manto de Jesús, creyendo que será sanada. Jesús, al darse cuenta de su fe, le dice que su fe la ha sanado, y la mujer es curada al instante. Al llegar a la casa del líder, Jesús encuentra a los dolientes y músicos fúnebres. Les dice que la niña no está muerta, sino dormida, y al tomar su mano, la niña se levanta, viva (Mateo 9:18-26).
De regreso, dos ciegos siguen a Jesús, clamando por su misericordia y reconociéndolo como el Hijo de David. Jesús les pregunta si creen que él puede sanarlos, y al afirmar su fe, Jesús les toca los ojos y recuperan la vista. Aunque Jesús les advierte que no lo divulguen, ellos comparten la noticia con todos (Mateo 9:27-31).
Mientras los ciegos se van, un hombre mudo, poseído por un demonio, es llevado a Jesús. Jesús expulsa al demonio, permitiendo que el hombre hable. La multitud se maravilla, pero los fariseos, en su escepticismo, afirman que Jesús expulsa demonios por el poder de Satanás (Mateo 9:32-34).
Finalmente, Jesús recorre las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad. Al ver a las multitudes, Jesús siente compasión por ellas, describiéndolas como ovejas sin pastor y a continuación insta a sus discípulos a orar para que Dios envíe más obreros a su abundante cosecha (Mateo 9:35-38).
En este nuevo capítulo, nos damos cuenta de la profunda compasión y autoridad de Jesús.
Él no solo sana físicamente, sino que también ofrece perdón y restauración espiritual.
Que estas historias de este capítulo 9 de Mateo, nos inspiren a acercarnos a Jesús con fe, confiando en su poder para transformar nuestras vidas. Recordemos que Jesús es nuestro sanador y guía aun en medio de momentos difíciles.
Queremos orar por vos, nuestro equipo estará listo para interceder por tus peticiones, escribirnos a acepeda@cemuproducciones.com.ar. Además, si deseas unirte a nuestro canal de WhatsApp para recibir más contenido edificante, haz clic en el enlace para ser parte de esta bendición. WhatsApp Channel
Dios te bendiga!
