“Pues la palabra de Dios nunca dejará de cumplirse” Lucas 1:37 NTV
El evangelio de Lucas, escrito con un enfoque histórico y detallado, nos presenta en su primer capítulo el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y, posteriormente, el de Jesús. En este contexto, el versículo Lucas 1:37 declara: “Porque nada hay imposible para Dios” (RVC). Esta afirmación es parte del mensaje del ángel Gabriel a María, quien acababa de recibir la noticia de que concebiría al Salvador, a pesar de ser virgen.
Esta es una afirmación de que la voluntad divina no está limitada por lo que nosotros consideramos posible o lógico. En el contexto inmediato, también conecta con el milagro del embarazo de Elisabet, una mujer estéril y de edad avanzada, quien también estaba esperando un hijo: Juan el Bautista.
Dios no solo puede hacer lo que parece imposible, sino que lo hace en el momento preciso, con un propósito eterno. En este sentido, Lucas 1:37 es una invitación a confiar, incluso cuando todo parece indicar que la promesa está tardando o que la situación es irreversible.
Existen momentos en la vida en los que el cielo parece guardar silencio. No se si te ha pasado, oramos, esperamos, soñamos… y nada cambia. Las promesas parecen lejanas, los años pasan, y la esperanza se debilita, y es ahi cuando aveces yo mismo me he preguntado: “¿Será que Dios me ha olvidado?”, pero entonces, llega una historia como la de Zacarías y Elisabet, una pareja justa, fiel, que había orado durante años por un hijo. Y cuando todo parecía perdido, cuando la lógica decía que ya era tarde, Dios intervino. No solo para responder una petición personal, sino para cumplir un plan eterno.
El nacimiento de Juan el Bautista no fue un evento aislado. Fue parte de una coreografía que preparaba el camino para el Mesías. Y en medio de esa historia, encontramos una frase que resuena con poder: “Porque nada hay imposible para Dios.”
Esta declaración no es un cliché espiritual, al contrario, es una verdad eterna, es un recordatorio de que Dios no está limitado por el tiempo, la edad, la esterilidad, la incredulidad ni por nuestras circunstancias, sino que Él actúa cuando todo parece cerrado, cuando la lógica humana ya no tiene respuestas.
Zacarías, al recibir la noticia del ángel, dudó. Y como consecuencia, quedó mudo hasta que se cumplió la promesa. Ese silencio no fue castigo, sino preparación. Fue un tiempo donde Dios trabajó en su interior, donde la fe fue refinada, donde el asombro reemplazó la duda.
¿Y qué decir de María? Una joven sin experiencia, sin estatus, sin explicación lógica para lo que estaba por suceder. Pero su respuesta fue simple y poderosa: “Hágase conmigo conforme a tu palabra.” (V. 38)
Espero no ser el único, pero he vivido temporadas donde lo prometido parecía imposible. Donde los recursos faltaban, las puertas se cerraban y el corazón se cansaba. Pero he aprendido que el silencio de Dios no es ausencia, sino estrategia. Es el telón bajado antes de que comience la escena más gloriosa.
Quizás vos también estás esperando tal vez hay promesas que aún no se han cumplido, oraciones que parecen no haber sido escuchadas, pero déjame decirte: Dios no ha olvidado, Él está preparando el escenario, y cuando llegue el momento, lo que parecía imposible será testimonio de su fidelidad.
No midas el poder de Dios por la lentitud de tu calendario. Lo que hoy parece un retraso, mañana será evidencia de que Dios estaba orquestando algo mayor. Confía, no porque entiendes, sino porque conoces a Aquel que nunca falla.
Recordá: si Él lo prometió, lo cumplirá. Porque para Él, nada es inalcanzable.
Si estás atravesando una etapa de espera, de incertidumbre o de promesas que aún no ves cumplidas, queremos acompañarte en oración. Escríbenos a acepeda@cemuproducciones.com y juntos clamaremos al Dios que hace posible lo que para nosotros parece inalcanzable.
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Adrian Cepeda
Director General
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