ELEGIDOS PARA AMAR, NO PARA VENGAR


“Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.” Romanos 8:29-30 RVA

La carta a los Romanos, escrita por el apóstol Pablo, es una de las exposiciones más profundas y sistemáticas sobre la salvación y el propósito eterno de Dios. En el capítulo 8, Pablo desarrolla una visión gloriosa del plan redentor de Dios, y en los versículos 29 y 30, nos introduce en lo que muchos teólogos llaman la “cadena dorada” de la salvación.

Estos versículos nos revelan que Dios, en su soberanía, conoció de antemano a quienes serían suyos, y los destinó a ser transformados a la imagen de su Hijo. Luego, los llamó, los justificó y, finalmente, los glorificó.


Teológicamente, este pasaje nos enseña que la salvación no es un evento aislado, sino un proceso divinamente orquestado que comienza en la eternidad pasada y culmina en la eternidad futura. El propósito central de Dios no es simplemente salvarnos del pecado, sino formarnos a la semejanza de Cristo. Esta transformación no es superficial ni momentánea, sino profunda, progresiva y eterna.


Sabes que, hay días en los que nuestro corazón se siente ligero, lleno de gozo, y por alguna razón, nos volvemos más generosos con nuestras palabras, más amables con los demás, más pacientes incluso con quienes nos han herido. Yo viví uno de esos días recientemente.


Recuerdo que hablaba con un amigo de Miami sobre algunos temas de producción y composición musical y le hice la propuesta de hacer una colaboración con otro amigo cantante, pero de pronto, mi amigo me recordó con firmeza: “¿Ya olvidaste lo que te hizo? ¿Cómo te trató?”, y en ese instante, como si una puerta se abriera de golpe, los recuerdos dolorosos regresaron. Las palabras hirientes, las traiciones silenciosas, las intenciones ocultas. Y entonces comenzó la lucha interna: ¿Debo retractarme de lo que dije? ¿Fui ingenuo al hablar bien de alguien que me lastimó?


Pero fue en ese momento de confusión que el Espíritu de Dios habló con claridad a mi corazón, unas palabras que mi pastor me había dicho en ese entonces: “No estás llamado a parecerte a las personas, sino a parecerte a Jesús.”


Romanos 8:29-30 me recordó que Dios me eligió con un propósito eterno: ser moldeado a la imagen de su Hijo. No fui llamado a reaccionar como el mundo, ni a devolver mal por mal, sino a reflejar el carácter de Cristo, incluso cuando eso implique amar a quienes no lo merecen, perdonar sin condiciones y bendecir a quienes nos han herido o hablado calumnias sobre nosotros.


Y es que, si somos honestos, todos hemos fallado. Todos hemos sido, en algún momento, esa persona que hirió, que habló mal, que actuó con egoísmo. Pero Dios, en su infinita gracia, no nos trató como merecíamos. Nos amó, nos llamó, nos justificó… y aún hoy, sigue trabajando en nosotros para hacernos más como Jesús.


Entonces, ¿quiénes somos nosotros para negar esa misma gracia a otros? ¿Quiénes somos para aferrarnos al rencor cuando fuimos perdonados de tanto?


El llamado de Dios es claro el día de hoy: no te rebajes al nivel de quienes te han herido; elévate al nivel de quien te ha redimido. No se trata de ignorar el dolor, sino de no permitir que ese dolor dicte nuestras decisiones. Se trata de confiar en que Dios es justo, y que Él se encargará de tratar con los corazones de quienes nos han lastimado.

Nuestro deber es amar. Nuestro privilegio es perdonar. Nuestra misión es reflejar a Cristo.


No permitas que el recuerdo de una herida determine tu respuesta presente. Dios te ha llamado a algo más alto: a vivir con un corazón libre, limpio y lleno de gracia. Cada vez que eliges amar en lugar de vengarte, estás avanzando en el propósito eterno de parecerte más a Jesús. Y créeme, no hay llamado más glorioso que ese.


Si estás luchando con el perdón, si hay heridas que aún duelen o personas que te cuesta amar, queremos acompañarte en oración. Escríbenos a acepeda@cemuproducciones.com y caminemos juntos hacia una vida transformada por la gracia y la semejanza de Cristo..


Ya podes unirte también a nuestros canales para mas contenido:


  • WhatsApp: Click aquí 
  • Telegram: Click aqui 
  • Discord: Click aquí 


Adrian Cepeda

Director General

acepeda@cemuproducciones.com

© 2025 CeMu Producciones



Previous Post Next Post