“El pueblo lanzó fuertes gritos, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y cuando el pueblo oyó el sonido de las bocinas, gritó con más fuerza, y la muralla se vino abajo. Entonces el pueblo marchó directamente contra la ciudad, y la tomó.” Josué 6:20 RVC
El libro de Josué narra la entrada del pueblo de Israel a la tierra prometida, una etapa crucial en la historia de redención. En Josué 6:20, se relata el momento en que los muros de Jericó colapsan tras una serie de actos de obediencia aparentemente ilógicos: rodear la ciudad durante siete días, tocar trompetas y gritar. Este evento no solo representa una victoria militar, sino una manifestación del poder de Dios que responde a la fe y la obediencia.
Este pasaje revela que Dios no actúa según los esquemas humanos, sino que utiliza métodos que desafían la lógica para mostrar que la verdadera conquista espiritual no depende de la fuerza, sino de la confianza en su dirección. Jericó simboliza los obstáculos que se interponen entre nosotros y el cumplimiento de las promesas divinas. Su caída demuestra que cuando seguimos las instrucciones del Señor, incluso sin comprenderlas del todo, Él actúa de manera sobrenatural.
No se vos, pero yo he vivido momentos en los que me he sentido rodeado por muros invisibles, donde temores que paralizan, dudas que erosionan la esperanza, errores del pasado que parecen imposibles de superar. En esos momentos, me identifico con el pueblo de Israel frente a Jericó: contemplando una muralla que parecía inquebrantable, impenetrable.
Y algo que aprendi de mi pastor Fernando en NY, es que Dios no nos llama a entender, sino a obedecer. A veces, sus instrucciones parecen extrañas: caminar en silencio, tocar trompetas, esperar. Sin embargo, es en esa obediencia sin lógica donde se manifiesta su poder.
El derrumbe de Jericó no fue producto de una estrategia militar, sino de una fe activa. Cada vuelta alrededor de la ciudad fue un acto de rendición, una declaración de confianza. Y al final, cuando el pueblo gritó, Dios respondió con poder.
Hoy me pregunto: ¿cuáles son mis Jericós? ¿Qué barreras me impiden avanzar? Tal vez no necesito entender el “cómo”, sino confiar en el “quién”. Porque cuando Dios da la orden, ninguna muralla puede resistir.
No subestimes el poder de una fe obediente. Aunque el camino parezca ilógico, si Dios lo ha trazado, es seguro. Camina, confía y prepárate para ver caer lo que parecía imposible.
Si estás enfrentando muros que parecen inamovibles, queremos orar con vos. Escríbenos a acepeda@cemuproducciones.com y unámonos en fe para ver a Dios obrar con poder en tu vida.
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Adrian Cepeda
Director General
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