“Por medio de él, Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, lo que puede verse y lo que no se puede ver, y también los espíritus poderosos que tienen dominio y autoridad. En pocas palabras: Dios creó todo por medio de Cristo y para Cristo.” Colosenses 1:16 TLA
La carta a los Colosenses, escrita por el apóstol Pablo, tiene como propósito exaltar la supremacía de Cristo sobre toda la creación. En Colosenses 1:16, Pablo afirma que todo lo que existe, tanto en el cielo como en la tierra, visible e invisible, fue hecho por medio de Él y para Él.
Teológicamente, este versículo establece que Cristo no es una criatura más, sino el agente y el fin de toda la creación. Todo cuanto existe tiene su origen en Él y su propósito en Él. Esta verdad nos enseña que nuestra identidad y nuestro valor no dependen de las circunstancias humanas, sino de nuestra conexión con Cristo, quien nos creó intencionalmente y nos llama a vivir para su gloria.
Reflexionando sobre mi propia historia, recuerdo que conocí al Señor desde muy temprana edad, mi madre, aunque confiaba en Jesus, sabia que antes de irse del país, lo mejor que podía hacer era ponerme en manos de mi tia, quien era cristiana. Mi madre aunque sabia de Dios, su fe llegó mucho después de que yo naciera. Conozco a personas que afirman que cuando sus padres esperaban por el nacimiento de ellos, sus padres no estaban ni casados, ni conocían al Señor hasta mucho después de que ellos nacieran, y muchos se sienten hasta cierto punto mal por eso con ideas erróneas de haber nacido por casualidad. Quizás vos también, has tenido que enfrentar pensamientos dolorosos como sentirte no planeado o incluso un error.
Hoy quiero invitarte a mirar esta realidad desde una perspectiva celestial. Colosenses 1:16 nos revela que fuimos formados por medio de Cristo y con el propósito de vivir para Él. No somos fruto del azar ni de decisiones humanas; somos el resultado de un plan divino.
Cada vez que las voces del pasado intenten decirte que no tenés valor, recuerda esta verdad: tu existencia fue deseada por el Creador del universo. No defines tu valor por tus logros, tu apariencia o tus posesiones, porque tu verdadero valor está en haber sido formado por Jesús y para Jesús.
Además, tu propósito no se limita a alcanzar metas terrenales o resolver los problemas del mundo. Tu razón de ser es conocer a Cristo, amarlo profundamente y reflejar su gloria en todo lo que haces.
Hoy te invito a soltar cualquier etiqueta que la sociedad o incluso vos mismo hayas aceptado, y a abrazar la verdad eterna de que eres amado, deseado y llamado a vivir para Él.
No permitas que tu pasado o las opiniones de otros definan tu identidad. Tu origen y tu destino están en Cristo, y en Él encuentras tu verdadero valor y propósito.
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Adrian Cepeda
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