“Un día en que Josué estaba cerca de Jericó, de pronto levantó la vista y vio delante de él a un hombre con una espada desenvainada en la mano. Se acercó a él y le preguntó: «¿Eres uno de los nuestros, o eres de nuestros enemigos?»” Josué 5:13 RVC
Josué 5:13 narra un encuentro en las afueras de Jericó, justo antes de la primera gran batalla por la conquista de la Tierra Prometida. Josué se encuentra con un guerrero que se identifica como el Comandante del ejército del Señor. Josué le pregunta: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” (Josué 5:13). La respuesta del ángel es clave en el siguiente versículo, dice: “No; sino que vengo ahora como Príncipe del ejército de Jehová.” (Josué 5:14). Este versículo revela que la batalla no se trata de bandos humanos, sino del cumplimiento del plan de Dios. La pregunta importante no es si Dios está de nuestro lado, sino si nosotros estamos del suyo. Josué aprende que la victoria depende de la sumisión a la voluntad de Dios, no de la fuerza militar israelita.
Imagina a Josué, líder de Israel, parado frente a la imponente ciudad de Jericó. La tarea parece imposible. Está a punto de comenzar una guerra, pero en su corazón hay preguntas sin respuesta. Una noche, se encuentra con un guerrero misterioso, la tensión es palpable, ¿amigo o enemigo? Josué necesita saber de qué lado está.
Pero la respuesta del guerrero lo sorprende, y creo que a nosotros también cuando lo leemos por primera vez, no viene a unirse a su bando. Se presenta como el Comandante del ejército del Señor. En ese instante, Josué entiende que la pregunta no es si Dios está con él, sino si él está con Dios.
La historia de Josué nos confronta hoy. Es fácil creer que tenemos a Dios de nuestro lado, que nuestras causas son justas y que nuestros enemigos están equivocados, pero, ¿estamos realmente alineados con su corazón?
Hoy necesitamos recordar que la lealtad suprema es a Cristo, no a un partido político, ni a una tradición religiosa, ni a una identidad nacional. Su llamado es a amar, a perdonar, a buscar la justicia y a vivir en unidad.
Hay heridas profundas que necesitan sanidad, muros que deben ser derribados y corazones que necesitan ser transformados. Pero la sanidad no vendrá de tomar partido, sino de rendirnos al Príncipe de Paz.
Pregúntate hoy: ¿dónde está tu lealtad? ¿A quién estás sirviendo realmente? ¿Estás dispuesto a dejar de lado tus prejuicios para abrazar el amor radical de Jesús?
No busques que Dios esté de tu lado, alínea tu corazón al suyo. La verdadera victoria se encuentra en la sumisión, no en la superioridad.
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Adrian Cepeda
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