MÁS ALLÁ DEL ARCO IRIS


“Todo lo que se desplaza y vive les servirá de alimento. Del mismo modo que las plantas, les doy todo.” Génesis 9:3 RVA2015

Génesis 9:3 se sitúa justo después del diluvio, en un momento de reinicio para la humanidad. Dios, en su misericordia, establece un pacto con Noé y sus descendientes, asegurando que nunca más destruirá la tierra con agua. En este contexto, el versículo 3 declara: “Todo lo que se desplaza y vive les servirá de alimento; Del mismo modo que las plantas, les doy todo.” Esta declaración no solo amplía la provisión alimentaria del ser humano, sino que reafirma la soberanía de Dios como sustentador de la vida. 


El versículo de hoy refleja un acto de gracia donde Dios no solo preserva la creación, sino que la equipa con lo necesario para vivir. Es una expresión de su fidelidad, incluso cuando la humanidad ha fallado.


Después de la tormenta más devastadora que la humanidad había conocido, Noé y su familia emergen a un mundo renovado pero incierto. El juicio había pasado, pero la fragilidad humana permanecía y en ese escenario, Dios no solo promete no volver a destruir la tierra con agua, sino que establece un pacto de provisión y cuidado, asegurando que todo lo necesario para la vida estaría disponible.


Este acto no es solo una concesión alimentaria, sino una declaración de sustento continuo. Dios no abandona a los suyos tras la corrección; al contrario, los equipa para avanzar. El arco iris, símbolo de ese pacto, se convierte en un recordatorio visible de que la gracia de Dios siempre se levanta sobre el juicio.


Sin embargo, la historia no termina ahí. Unos capítulos más adelante, en Génesis 11, vemos a la humanidad intentando construir una torre para alcanzar el cielo. En lugar de depender del Creador, buscan exaltarse a sí mismos. El contraste es evidente: Dios provee, el hombre se enaltece. Mientras el cielo ofrece promesas, la tierra revela orgullo.


¿Cuántas veces hemos hecho lo mismo? Dios nos ha sostenido, ha respondido oraciones, ha abierto caminos. Pero en lugar de rendirle gloria, buscamos reconocimiento propio. Construimos “torres” de logros, títulos, posesiones o influencia, olvidando que todo lo que tenemos proviene de su mano generosa.


Hoy, el llamado es a recordar el arco iris más que la torre, llamados a vivir agradecidos por su provisión y a alinear nuestras metas con su propósito. No se trata de dejar de soñar, sino de soñar con Dios en el centro.

No construyas tu identidad sobre logros personales que pueden desmoronarse sino que edifica tu vida sobre la fidelidad de Aquel que promete, provee y permanece.


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Adrian Cepeda

Director General

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