OJOS ABIERTOS, CORAZÓN ENCENDIDO


“Entonces fueron abiertos los ojos de ellos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.” Lucas 24:31 RVA2015

El versículo Lucas 24:31 se encuentra dentro del relato del camino a Emaús, una de las apariciones de Jesús después de su resurrección. Dos seguidores de Cristo, abatidos por los recientes acontecimientos de la crucifixión, caminaban hacia una aldea llamada Emaús. En medio de su tristeza, un desconocido se les une: era Jesús resucitado, aunque ellos no lo reconocieron. A lo largo del trayecto, Él les explica las Escrituras, revelando el propósito divino detrás del sufrimiento del Mesías. Finalmente, al compartir el pan con ellos, sus ojos espirituales se abren y lo reconocen. 


Este pasaje revela que el Cristo resucitado se revela a través de la Palabra y la comunión, y que muchas veces su presencia es más cercana de lo que percibimos.


Siempre me imagino esta escena, donde dos caminantes avanzaban lentamente, sus rostros marcados por la desilusión, hablaban entre sí, intentando comprender cómo aquel en quien habían depositado su esperanza había terminado en una cruz. La confusión y el dolor nublaban su entendimiento y en medio de esa conversación, un tercero se les unió. No sabían que era Jesús. Él escuchó sus palabras, y con paciencia, comenzó a explicarles lo que las Escrituras decían sobre el Mesías.


Aquel encuentro no fue casual. Jesús, aún en su forma glorificada, eligió caminar con ellos en su tristeza. No se reveló de inmediato, sino que permitió que la verdad de la Palabra preparara sus corazones. Fue al sentarse a la mesa, en el acto cotidiano de partir el pan, que sus ojos se abrieron. 


En ese instante, lo reconocieron y justo entonces, Él desapareció de su vista.


Este relato nos recuerda que muchas veces, en medio de nuestras propias tormentas internas, Cristo camina a nuestro lado sin que lo notemos. Estamos tan enfocados en nuestras pérdidas, en lo que no entendemos, que no percibimos su cercanía, sin embargo, Él está ahí, hablándonos a través de su Palabra, esperando que nuestros ojos espirituales se abran.

La revelación no siempre llega con estruendo, sino en lo simple: una oración sincera, una lectura bíblica, un acto de comunión. Jesús se manifiesta cuando le damos lugar, cuando lo invitamos a quedarse, como hicieron aquellos discípulos.


No dejes que la tristeza o la confusión te impidan ver a Jesús. Él está más cerca de lo que imaginas, dispuesto a revelarse en lo cotidiano si tan solo le invitas a caminar contigo.


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Si estás atravesando un tiempo de incertidumbre o deseas reconocer más claramente la presencia de Jesús en tu vida, escríbenos a acepeda@cemuproducciones.com. Queremos orar con vos y ayudarte a redescubrir su cercanía.


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Adrian Cepeda

Director General

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