LO POCO QUE CAMBIA TODO


“Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos junto con los pescados para que los distribuyeran entre la gente.” Lucas 9:16 NTV

El versículo de Lucas 9:16 se encuentra en el relato de la multiplicación de los alimentos, uno de los milagros más emblemáticos del ministerio de Jesús y el único registrado en los cuatro evangelios. En este pasaje, Jesús se encuentra rodeado por una multitud que lo ha seguido para escuchar su enseñanza y recibir sanidad. Al llegar el atardecer, los discípulos sugieren despedir a la gente para que busquen alimento, pero Jesús les responde con un desafío: “Denles ustedes de comer”. 


Este momento revela la pedagogía divina de Jesús, quien no solo enseña con palabras, sino que forma a sus seguidores a través de la acción. Lucas 9:16 muestra a Jesús tomando una porción mínima de alimento, elevando su mirada al cielo en señal de dependencia del Padre, y luego distribuyéndolo a través de sus discípulos, manifestando que la provisión divina fluye cuando lo poco se entrega con fe.


El día había sido largo. Jesús había enseñado, sanado y consolado a una multitud que, definitivamente no quería irse. El sol comenzaba a ocultarse, y con él, la posibilidad de conseguir alimento. Los discípulos, prácticos y preocupados, sugirieron que la gente se dispersara para buscar comida. Pero Jesús, con una mirada que siempre ve más allá, les dijo: “Aliméntenlos ustedes”.


La propuesta parecía absurda. ¿Cómo alimentar a miles con tan escasos recursos? Solo había cinco piezas de pan y un par de peces. Sin embargo, alguien se atrevió a ofrecer eso poco, y Jesús, en lugar de señalar la insuficiencia, lo tomó con gratitud, lo bendijo mirando al cielo, y lo entregó para ser repartido.


Este acto no fue solo un milagro de multiplicación, sino una lección profunda sobre la fe, la obediencia y la generosidad. Jesús no necesita abundancia para obrar maravillas; solo requiere corazones dispuestos a entregar lo que tienen, aunque parezca insignificante.

Hoy, muchos se sienten incapaces de marcar una diferencia. Creen que lo que poseen, como tiempo, talentos, recursos, es demasiado limitado, pero este pasaje nos recuerda que cuando lo poco se pone en manos del Maestro, se convierte en más que suficiente. Él no solo suple, sino que sobreabunda.


La mesa de Jesús no es exclusiva ni limitada. Es una mesa donde siempre hay espacio para uno más, una mesa donde lo que se comparte se multiplica, una mesa donde el amor se sirve en porciones generosas.

No esperes tener mucho para empezar a dar. Lo que hoy entregas con sinceridad, Dios lo puede usar para alimentar multitudes. En sus manos, lo pequeño se transforma en milagro.


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Adrian Cepeda

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