“Prueben, y vean que el Señor es bueno. ¡Feliz el hombre que en él confía!” Salmos 34:8 DHH
Este salmo fue compuesto por David tras un episodio de gran tensión, habla de su huida de Saúl y su fingida locura ante el rey Abimelec. En medio de esa situación de peligro, David experimentó la intervención de Dios de una manera tan personal que no pudo guardárselo.
El versículo 8 es una invitación directa y vivencial: “Prueben, y vean que el Señor es bueno”. Aquí en este pasaje vemos que la relación con Dios no es meramente intelectual o doctrinal, sino que se basa profundamente en su experiencia. No se trata solo de saber acerca de Dios, sino de conocerlo íntimamente, a través de la confianza, la oración y la entrega diaria. La fe, en este contexto, es un acto de acercamiento real, no una idea abstracta.
Hay experiencias que no pueden ser transmitidas con palabras, que deben vivirse para ser comprendidas. Así como una receta no sustituye el sabor de un platillo, así también las descripciones sobre Dios no reemplazan la experiencia de estar en su presencia.
David, un hombre que conoció tanto la cumbre como el valle, no escribe desde la teoría, sino desde la vivencia. En medio de su aflicción, descubrió algo que marcó su alma y es la dulzura de confiar en Dios. Por eso, no hace una declaración fría, sino una invitación apasionada de acércate, de probar, y ver”.
Este llamado no es para los que tienen todo resuelto, sino para los que anhelan algo más profundo, es para los quebrantados, los cansados, los que han probado todo lo demás y siguen vacíos. Dios no se revela solo a los estudiosos, sino a los que se atreven a confiar en Él con sencillez.
¿Has probado verdaderamente la fidelidad de Dios? ¿O solo has escuchado hablar de ella? No basta con saber que Él es bueno; es necesario experimentarlo. Cuando decides buscarlo con sinceridad, cuando entregas tus temores y sueños en sus manos, descubres una paz que no se puede explicar, solo vivir.
Y entonces, algo cambia: ya no buscas sustitutos, ya no te conformas con migajas. Porque quien ha probado la bondad de Dios, sabe que no hay comparación.
Hoy podés dar un paso más allá de la teoría. Acércate a Dios con honestidad, sin máscaras ni condiciones. Prueba su presencia en oración, y verás que su fidelidad no defrauda.
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Adrian Cepeda
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