Nada Vale Más Que Cristo


 "Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia." Hebreos 12:28

Todo aquello en lo que apoyamos nuestro corazón tarde o temprano será puesto a prueba y solo una vida arraigada en Cristo permanecerá firme cuando todo lo demás sea sacudido.

La carta a los Hebreos fue escrita para creyentes que enfrentaban persecución, incertidumbre y la tentación de abandonar su fe y en ese contexto, el autor les recuerda que Dios prometió sacudir no solo la tierra, sino también los cielos (Hebreos 12:26-27), y sabes que esa imagen no busca producir miedo, sino afirmar que todo lo que es temporal desaparecerá, pero el Reino de Dios permanecerá para siempre, por eso los creyentes no debían aferrarse a lo pasajero, sino a Aquel que nunca cambia.

Esa enseñanza también nos alcanza a nosotros hoy en día porque vivimos rodeados de responsabilidades, proyectos, de preocupaciones que fácilmente ocupan el primer lugar en nuestro corazón y sin darnos cuenta, podemos dedicar más tiempo a construir nuestra agenda que a cultivar nuestra comunión con Dios, sin embargo, Jesús dijo: "Permanezcan en mí, y yo en ustedes" (Juan 15:4). La vida espiritual no se sostiene por costumbre ni por emociones pasajeras, sino por una relación viva y constante con Cristo, alimentada por su Palabra y fortalecida en oración.

Cuando abrimos diariamente las Escrituras, nuestra fe deja de depender de opiniones humanas y comienza a descansar en las promesas inmutables de Dios y es allí donde conocemos más profundamente su carácter, aprendemos a discernir su voluntad y descubrimos que su paz no depende de las circunstancias. 

Como dijo nuestro Señor: "La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo" (Juan 14:27) y esa paz nace de saber que pertenecemos a un Reino que jamás será conmovido.

La hermenéutica de Hebreos no nos invita a especular sobre el futuro, sino a perseverar en la fidelidad presente, asi que amados hermanos, el llamado es claro: vivir con los ojos puestos en Cristo, porque sabemos que todo lo creado es temporal, pero Él permanece para siempre y cuanto más cerca caminamos del Señor, menos nos domina el temor y más firme se vuelve nuestra esperanza.

Hoy recordemos que la mayor prioridad de nuestra vida no es alcanzar más cosas, sino conocer más profundamente a Aquel que nos salvó porque cuando nuestra comunión con Cristo ocupa el centro, todo lo demás encuentra su verdadero lugar.

Reservemos cada día un tiempo para encontrarnos con Dios en su Palabra y en oración. 
Ninguna inversión traerá más fruto para nuestra vida que cultivar una comunión profunda con nuestro Salvador.

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Si hoy tuvieras que identificar qué ocupa el primer lugar en tu corazón, ¿qué dirían tus prioridades sobre la profundidad de tu relación con Cristo?

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