Existen momentos en los que nuestra mirada solo alcanza a ver ruinas, muchas veces vemos lo que se quebró, lo que se enfrió, lo que perdió fuerza, y lentamente comenzamos a hablar de esas áreas como si su historia ya hubiera terminado. La Escritura nos lleva hoy a un lugar mucho más profundo, a un valle lleno de huesos secos, una escena que representa de manera impactante la condición de Israel en el contexto de Ezequiel 37, y allí Dios no le pide al profeta que confíe en las circunstancias, le pide que escuche su palabra.
"Así dice el Señor Dios a estos huesos: “Voy a hacer que en ustedes entre espíritu[a], y vivirán." Ezequiel 37:5 NBLA
El contexto es fundamental porque Ezequiel profetizó durante el exilio de Judá en Babilonia, cuando Jerusalén había sido destruida y el pueblo había experimentado las consecuencias de su rebelión contra Dios. En Ezequiel 37, el Señor lleva al profeta mediante una visión a un valle lleno de huesos completamente secos. Esta imagen comunica muerte, devastación y una situación humanamente irreversible y Dios entonces pregunta: “Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?”, Ezequiel responde: “Señor y Dios, tú lo sabes” (Ezequiel 37:3) y sabes que la respuesta no nace de optimismo humano sino que reconoce que solamente Dios conoce y posee el poder para hacer aquello que parece imposible.
Entonces Dios ordena a Ezequiel que profetice sobre los huesos. La palabra de Dios es pronunciada, los huesos se unen, aparecen tendones y carne, y finalmente Dios ordena que el aliento entre en ellos y sabes que la propia visión explica su significado: “Estos huesos son el pueblo de Israel” (Ezequiel 37:11), en otras palabras, Dios estaba anunciando la restauración de su pueblo después del exilio. No se trata originalmente de una promesa individual para resolver cualquier problema personal, sino de una poderosa declaración sobre la capacidad soberana de Dios para restaurar a su pueblo y cumplir su palabra y aquí encontramos que cuando nosotros vemos el final, Dios sigue viendo su propósito.
Hay temporadas en las que nuestra fe se siente seca, nuestra esperanza parece agotada y algunas áreas de nuestra vida parecen haber quedado reducidas a recuerdos. Podemos llegar a pensar que ya no vale la pena orar, insistir o esperar. Ezequiel 37 nos recuerda que nuestra esperanza no descansa en la vitalidad de aquello que vemos, sino en el Dios que habla y cumple su palabra.
El texto también nos lleva al poder vivificante del Espíritu de Dios porque en los versículos 9 y 10, el aliento entra en los cuerpos y estos cobran vida. El lenguaje hebreo conecta esta escena con el concepto de ruaj, que puede referirse a viento, aliento o espíritu según el contexto. La visión lo que está haciendo es mostrando que la vida procede de Dios.
Romanos 8:11 desarrolla una verdad relacionada en el contexto del Nuevo Testamento donde dice que el Espíritu de Dios, quien resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en los creyentes y es fuente de vida.
Nuestra esperanza llega hasta la resurrección y descansa en Cristo, no en nuestra capacidad de producir vida espiritual por nosotros mismos.
Por eso, cuando atravesamos un valle, no necesitamos fabricar una esperanza artificial, lo que necesitamos es volver a escuchar a Dios. Podemos presentarle nuestra sequedad, nuestro cansancio, nuestras heridas y aquello que ya no sabemos cómo reparar, podemos decir con Ezequiel: “Señor y Dios, tú lo sabes”, y esa confesión nos devuelve al lugar correcto que dice que nosotros no controlamos el resultado, Dios sigue siendo Dios.
Tal vez hoy haya un área de nuestra vida que sentimos completamente seca, llevémosla delante del Señor. No le ocultemos nuestra realidad ni intentemos adornarla con palabras religiosas. Oremos con honestidad, afirmémonos en su Palabra y esperemos en su poder. El valle no determina quién es Dios, Dios determina lo que significa el valle.
No interpretemos el silencio de una temporada como el abandono de Dios.
Permanezcamos en su Palabra y sigamos orando.
Si hoy estás atravesando un valle, si existe un área de tu vida que necesita restauración o simplemente necesitás que alguien ore junto a vos, podés enviarnos tu petición a oraciones@cemu.com.ar. Queremos acompañarte en oración.
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¿Qué “valle” de tu vida necesitás poner hoy delante de Dios, confiando en que Él sigue teniendo la última palabra?
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