El Poder de Soltar

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

Estas palabras aparecen en una conversación íntima entre Jesús y Nicodemo, un fariseo respetado que buscaba entender el misterio del nuevo nacimiento y en este diálogo nocturno, Jesús revela el centro mismo del plan redentor, el amor del Padre manifestado en entregar a su Hijo para salvar a un mundo perdido y este versículo resume la esencia del evangelio puro que conocemos hoy, amor, entrega y vida eterna ofrecida por gracia.


Cuando meditamos en Juan 3:16, nos encontramos con un amor que no se parece a nada de lo que conocemos en esta tierra, un amor que no retuvo, que no negoció, que no midió el costo, un amor que entregó, y en esa entrega, Dios mismo nos mostró que amar, muchas veces, implica soltar, implica permitir que algo o alguien siga un camino que no controlamos, pero que confiamos que Él guiará para bien. 


A veces, como hijos de Dios, caminamos con el corazón apretado porque no entendemos el porqué de ciertos “soltarnos” que Él nos pide, pero este versículo nos recuerda quién es el que sostiene la historia.


El texto relata la experiencia de una madre que, con lágrimas en los ojos, dejó ir a su hijo para que viviera un propósito mayor, y de alguna manera, eso refleja una sombra de la infinita decisión del Padre, el dejar ir a su Hijo amado por nosotros, pero, a diferencia de cualquier amor humano, Dios sabía perfectamente lo que estaba en juego, sabía que, sin la entrega de Cristo, no habría libertad, ni perdón, ni esperanza para ninguno de nosotros, sabía que la única manera de que tengamos vida verdadera era permitiendo que Jesús nos representara en la cruz.


Cuando el Padre “soltó” a su Hijo, no lo hizo desde la resignación, sino desde el amor soberano que ve más lejos que nosotros. A veces nosotros también somos llamados a soltar, no se, quizás un miedo, una etapa, un plan que no resultó como imaginábamos, incluso personas o lugares que apreciamos profundamente, y el corazón se nos estruja, porque soltar duele, pero en esa entrega se abre un espacio nuevo donde Dios actúa sin nuestras manos encima, donde su gracia toma aire, donde su voluntad despliega escenarios que jamás hubiésemos imaginado.


Jesús fue entregado para que nosotros pudiéramos recibir y recibir perdón, recibir dirección, recibir vida eterna, y, en ese intercambio divino, aprendemos que cuando soltamos lo que Dios nos pide, siempre estamos siendo guiados hacia algo mayor, no siempre lo vemos en el momento, no siempre lo entendemos, pero su amor nos asegura que el final de sus caminos siempre es vida y plenitud.


Así como tu madre no imaginó todo lo que vendría cuando te dejó ir, tampoco nosotros vemos ahora el alcance de lo que Dios puede hacer cuando confiamos y soltamos, pero Dios sí lo ve, y por eso Él nos susurra: “Confiá. Dejá espacio para que Yo obre”.


Hoy, pedile al Señor que te muestre algo concreto que necesitás soltar: un temor, un control, una expectativa rígida, por ejemplo, si estás aferrado a que todo salga exactamente como planeaste, entregalo en oración y decile: “Señor, hacé lo que vos sabés hacer mejor, yo confío”. Vas a notar cómo cambia tu paz interior cuando dejás el resultado en sus manos.


Si necesitás oración para este proceso de soltar y confiar, quiero acompañarte, podés compartir tus pedidos escribiendo a acepeda@cemuproducciones.com y caminemos juntos, creyendo que el Dios que entregó a su Hijo por amor es el que sigue obrando en cada paso de nuestra vida.

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Gracia y Paz!


Adrian Cepeda

Director General

acepeda@cemuproducciones.com

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