La Cosecha que nace del Llanto


“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.” Salmo 126:5 RVA2015

El Salmo 126 pertenece a los salmos llamados “cánticos de ascenso”, cantados por Israel cuando peregrinaban hacia Jerusalén, y se dice que fue escrito después del regreso del exilio babilónico, cuando el pueblo volvía a una tierra destruida pero llena de promesas.


Este versículo expresa la tensión entre el dolor presente y la esperanza futura, donde el sufrimiento no es la última palabra, Dios transformará el llanto en cosecha.


Este versículo tiene una belleza particular porque no niega el dolor, pero tampoco lo glorifica, sino que lo ubica en su justo lugar, como parte del proceso que Dios usa para dar fruto. El llanto, en la lógica humana, parece pérdida, en la lógica del Reino, es semilla, y una semilla, aunque se esconda bajo tierra por un tiempo, tiene destino de vida.


Pensando en esto, no pudo evitar pensar en la historia sobre Messi, años de frustración, críticas y sueños que se escapaban siempre por un detalle, y, aun así, siguió, porque el objetivo era más grande que el dolor. Y si eso es verdad en lo natural, ¡cuánto más en lo espiritual!


Vos y yo sabemos que hay etapas en la vida cristiana en las que sentimos que la fuerza se nos va, caminamos agotados, con el corazón medio arrugado, preguntándonos si vale la pena seguir sembrando, a veces lloramos mientras avanzamos, y sentimos que nuestras lágrimas caen en un terreno duro, pero ahí es donde este salmo nos invita a levantar la mirada y recordar que Dios no desperdicia ni un suspiro.


El Señor no nos prometió caminos sin resistencia, pero sí una cosecha garantizada para quienes siguen sembrando aun en medio del dolor, y fijate que el texto dice “los que sembraron con lágrimas”, no “los que lloraron sin hacer nada”, es decir, gente que lloraba, pero mientras tanto sembraba. Seguían orando, seguían creyendo, seguían avanzando, aun cuando todo parecía ir en contra.


Capaz que hoy estás luchando por una promesa, quizás la restauración de tu familia, un cambio en tu salud, una respuesta que esperás hace rato, o algo que Dios puso en tu corazón y que todavía no ves, y quizá sentís que estás perdiendo fuerzas, pero escuchá esto, si tus lágrimas están cayendo mientras seguís sembrando en fe, entonces estás más cerca de la cosecha de lo que pensás.


El Dios que vio tus noches de angustia también ve tus pequeños pasos de obediencia, Él no está ajeno a tu cansancio, ni es indiferente a tus oraciones, cada semilla regada con lágrimas está siendo cuidada por sus manos, y si Él prometió que habrá cosecha, entonces habrá cosecha, porque Él es fiel.

Seguí sembrando, seguí creyendo aun cuando tiemblen las piernas, seguí avanzando, aunque sea despacito. A veces la fe no se siente como un grito victorioso, sino como un susurro que dice: “Señor, no me rindo”. Y eso, ante los ojos de Dios, tiene un peso eterno.


Te animo a escribir una promesa que Dios te dio y que estás esperando, solo una. Ponela en un papel y debajo anotá: “Voy a seguir sembrando, aunque sea con lágrimas”. Después orá específicamente por ese punto y hacé un pequeño acto de fe relacionado, por ejemplo, si esperás restauración, enviá un mensaje de bendición; si esperás provisión, sembrá generosamente aunque sea algo pequeño.


Si estás sembrando con lágrimas y necesitás alguien que ore con vos, estoy para acompañarte. Podés enviarme tus pedidos a acepeda@cemuproducciones.com.

Gracia y Paz!


Adrian Cepeda

Director General

acepeda@cemuproducciones.com

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