“Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto. Pero separados de mí nada pueden hacer.” Juan 15:5
Estas palabras forman parte del discurso de despedida de Jesús en la última cena. Él está preparando a sus discípulos para un tiempo difícil, como lo era su partida, la persecución y sobre todo la misión futura de la Iglesia.
En un lenguaje profundamente simbólico, Jesús se presenta como la vid verdadera y a sus seguidores como los pámpanos, enseñándoles que la única manera de vivir, resistir, de ser fructíferos en permanecer unidos a Él por la fe.
Hay frases que escuchamos tan seguido que casi pierden peso, una de esas es “Permanecé en Jesús”, solemos decir, y claro que es una verdad enorme, pero a veces olvidamos la parte más emocionante del versículo: “y yo en ustedes”, porque Jesús no solo nos invita a permanecer, Él también promete permanecer, qué amor tan inesperado y tan cercano!
Cuando Jesús dice “permanezcan en mí”, no está pidiendo un rendimiento espiritual extraordinario ni una disciplina imposible, sino que está hablando de relación, de cercanía, de un vínculo que Él inició y que Él sostiene, porque antes de que nosotros pensemos en acercarnos, Él ya está ahí, antes de que sintamos ganas de buscarlo, Él ya nos buscó, antes de que queramos abrazarlo, Él ya abrió los brazos.
Y esto cambia todo, porque muchas veces caminamos con la sensación de que somos nosotros quienes tenemos que mantener viva la conexión, como si el más mínimo descuido rompiera el vínculo, pero Jesús nos baja a tierra y nos levanta al mismo tiempo: “Sin mí no pueden hacer nada… pero yo estoy en ustedes.”
Qué alivio para el alma cansada, qué descanso para quienes sentimos que fluctuamos, que a veces estamos firmes y otras veces nos desordenamos un poco.
Cuando permanecemos en Él, no es solo cuestión de esfuerzo, sino que es una respuesta, respondemos a una presencia que ya está, a un amor que no se muda, a una fidelidad que no se cansa, y ahí, en esa comunión tan real, empieza a brotar fruto, un fruto natural, inevitable, como el resultado genuino de una vida nutrida por Cristo.
A veces nos sentimos lejos, o distraídos, secos, pero incluso en esos momentos, Jesús sigue conectado a nosotros, Él no retrocede cuando fallamos, ni se aparta cuando dudamos, su amor permanece, su presencia permanece, y si hoy elegimos volver a acercarnos, no volveremos a un vacío, volveremos a unos brazos que nunca se fueron, y eso, da vida, da paz, da identidad, da fruto, porque permanecer en Jesús es descansar en su permanencia en nosotros.
Te animo que en un momento de calma, decile al Señor en voz suave: “Vos seguís en mí… ayúdame a permanecer en vos”, y respirá hondo, dejá que esa verdad baje al corazón, vas a ver cómo cambia la perspectiva.
Si estás pasando por un tiempo donde sentís que la conexión con Jesús se debilitó, escribime. Quiero acompañarte en oración para que vuelvas a descansar en su presencia fiel. Podés dejar tu pedido en acepeda@cemuproducciones.com. Estoy para caminar con vos.
Gracia y Paz!
Adrian Cepeda
Director General
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