El Perdón que Libera el Alma


“Más bien, sean bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándose unos a otros como Dios también los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:32 RVA2015

Pablo escribe esta carta desde la prisión, animando a la iglesia de Éfeso a vivir de manera digna de su llamado en Cristo. En el capítulo 4 les recuerda que ahora, como nueva familia espiritual, deben abandonar la vieja manera de vivir, es decir con el enojo, la amargura, el rencor. 


Este versículo aparece como un llamado concreto a reflejar el carácter de Dios en las relaciones cotidianas, mostrando la misma gracia y misericordia que Cristo tuvo con nosotros.


Qué profundo es el llamado de Pablo cuando nos invita a ser “bondadosos, misericordiosos y perdonadores”, no es un desafío liviano, porque el perdón toca las fibras más sensibles de nuestra alma, toca nuestras heridas, nuestras decepciones, nuestras injusticias. Todos cargamos historias donde alguien nos acusó injustamente, nos hirió sin razón o nos falló cuando más esperábamos apoyo, y ahí, en ese terreno tan humano, Dios nos habla con ternura, pero también con firmeza.


Perdonar no siempre se siente justo, es mas, muchas veces, lo que queremos es defendernos, probar nuestra inocencia, levantar la voz, pero el Señor, con amor de Padre, nos invita a un camino distinto. Nos recuerda que el perdón no se basa en quién tiene razón, sino en quién tiene el corazón lleno de Cristo.


Lo lindo del perdón es que no niega la herida, al contrario, la sana, no borra la memoria, sino que transforma el alma. Perdonar es decirle al Señor: “No quiero llevar esta carga más, liberame vos, ayudame a ver a la otra persona como vos la ves, y cuando oramos así, el Espíritu Santo empieza a obrar donde nosotros no podemos.


A veces nos cuesta mucho perdonar porque creemos que soltar significa que lo que pasó estuvo bien, pero no, el perdón no justifica lo malo, lo entrega en manos de Aquel que juzga justamente. El perdón no dice “no pasó nada”; declara “ya no voy a vivir atado a lo que me hicieron.”

Y qué hermoso es recordar que Dios nos perdonó primero, y no cuando estábamos cerca, no cuando éramos perfectos, no cuando merecíamos gracia, nos perdonó cuando estábamos lejos, rotos, perdidos, ese perdón que recibimos, tan inmerecido, es el mismo que ahora nos invita a extender.


Quizás alguien te falló, o quizás el que necesita ser perdonado sos vos mismo, sea cual sea el caso, Jesús quiere liberarte hoy, quiere que camines liviano, sin rencores, sin culpas, quiere que experimentes la paz que solo el perdón verdadero puede traer.


Algo que hice hace mucho tiempo atrás, fue que escribí en una hoja el nombre de la persona que me hirió, incluso podemos poner nuestro propio nombre si es el caso, y debajo escribí una frase de liberación que decía algo como “Elijo perdonar en el nombre de Jesús.” Oré sobre eso y después rompí la hoja como símbolo de entrega. Te animas a hacerlo?


Si estás luchando con heridas, culpa o necesidad de perdonar, quiero caminar con vos en oración. Podés enviarme tu pedido a acepeda@cemuproducciones.com, y juntos vamos a buscar la sanidad que viene del Señor.


Gracia y Paz!


Adrian Cepeda

Director General

acepeda@cemuproducciones.com

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