"Allà habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad. El inmundo no viajará por él,
Sino que será para el que ande en ese camino. Los necios no vagarán por él.." IsaÃas 35:8 NBLA
Las palabras de IsaÃas fueron dirigidas a un pueblo que experimentarÃa el dolor del exilio y como consecuencia de su rebelión y de su infidelidad al pacto, Judá serÃa llevada lejos de su tierra.
Humanamente hablando, el futuro parecÃa oscuro. Jerusalén quedarÃa atrás, el templo desaparecerÃa de su horizonte y la disciplina de Dios caerÃa sobre la nación, pero la gracia del Señor tendrÃa la última palabra.
En medio de las advertencias sobre el juicio venidero, IsaÃas también proclamó una esperanza gloriosa. Dios restaurarÃa a su pueblo, abrirÃa un camino de regreso, los redimidos volverÃan con cánticos, con gozo eterno sobre sus cabezas y con la certeza de que la tristeza no tendrÃa la última palabra.
El "Camino de Santidad" descrito por IsaÃas no era simplemente una ruta geográfica hacia Jerusalén, representaba el camino que Dios mismo preparaba para aquellos que Él rescatarÃa, era un camino marcado por la restauración, la redención y la presencia del Señor.
Nosotros encontramos hoy el cumplimiento más profundo de esta promesa en Jesucristo. Él declaró: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida" (Juan 14:6). En un mundo lleno de incertidumbre, Cristo no solo nos muestra el camino,de hecho, Él es el Camino.
Por eso, cuando enfrentamos situaciones que están fuera de nuestro control, no caminamos sin dirección, cuando el temor intenta ocupar nuestro corazón, recordamos que Dios continúa guiando a sus redimidos, cuando las pruebas parecen interminables, levantamos la mirada y recordamos que nuestra historia no termina en el desierto, sino en la presencia eterna del Señor.
IsaÃas describe un camino donde las amenazas finalmente desaparecen y donde los redimidos avanzan seguros hacia Sion. Esa imagen encuentra su culminación en la esperanza futura que tenemos en Cristo.
Un dÃa toda lágrima será quitada, todo sufrimiento tendrá fin y entraremos definitivamente en la presencia de Aquel que nos salvó por su gracia.
Mientras tanto, seguimos caminando y no porque entendamos cada circunstancia, sino porque confiamos en Aquel que dirige nuestros pasos, es decir, la fe no elimina todas las preguntas, pero nos permite avanzar sabiendo que Dios jamás pierde de vista a sus hijos.
Quizás hoy estés atravesando una situación que no elegiste y que no podés resolver con tus propias fuerzas, pero recordemos juntos que el Dios que trazó el Camino de Santidad sigue guiando a su pueblo. Ninguna prueba es más grande que su fidelidad, y ningún desierto es capaz de impedir que sus redimidos lleguen al destino que Él ha preparado.
Nuestro hogar definitivo no está aquÃ, vamos camino a la presencia de Dios, y Cristo mismo nos conduce paso a paso.
Cuando el temor quiera dominar tus pensamientos, recordá quién dirige tu camino. La paz crece cuando nuestra mirada permanece en Cristo.
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