La fidelidad a Dios suele brillar con más fuerza cuando todo alrededor parece oscurecerse. Hay momentos en los que la voz de la verdad parece quedar ahogada por el ruido de la multitud, pero Dios nunca abandona a quienes permanecen confiando en Él.
"Entonces se abrieron los ojos de ellos, y le reconocieron." (Lucas 24:31)
Después de la resurrección, dos discípulos caminaban hacia Emaús con el corazón lleno de confusión y tristeza. Aunque Jesús caminaba junto a ellos, no podían reconocerlo, sin embargo, en el momento señalado por Dios, sus ojos fueron abiertos y comprendieron que el Señor había estado con ellos todo el tiempo y esa misma realidad aparece una y otra vez en las Escrituras. Dios está presente aun cuando parece silencioso.
En 1 Reyes 18 encontramos a Elías sobre el Monte Carmelo enfrentando una de las escenas más desafiantes de su ministerio, mientras centenares de profetas de Baal clamaban a un dios que no podía responder, Elías permanecía confiando en el Dios vivo y verdadero. Humanamente hablando, parecía estar solo. La presión era enorme, la oposición era visible, sin embargo, la realidad espiritual era muy distinta.
Cuando llegó el momento señalado por Dios, Elías oró, no apeló a su fuerza, ni a su capacidad, ni a su prestigio, simplemente clamó al Señor. Entonces Dios respondió enviando fuego del cielo, demostrando que Él seguía gobernando sobre todas las cosas (1 Reyes 18:36-39).
Más tarde, Santiago nos recuerda una verdad profundamente alentadora: "Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras" (Santiago 5:17). No era un superhéroe espiritual, ni era alguien inmune al temor o al cansancio, era un hombre común que confiaba en un Dios extraordinario.
El mismo Señor que acompañó a los discípulos camino a Emaús, que respondió a Elías en el Carmelo y que sostuvo a su pueblo a lo largo de la historia, continúa siendo el mismo hoy, su poder no ha disminuido, su fidelidad no ha cambiado, su presencia no se ha apartado de sus hijos.
Cuando el temor quiera ocupar nuestro corazón, hagamos lo que hizo Elías: llevemos nuestra necesidad delante de Dios en oración. No necesitamos demostrar nada ni sostenerlo todo con nuestras propias fuerzas, nuestro llamado es confiar; la obra le pertenece al Señor y aun cuando no veamos inmediatamente el fuego o la lluvia, podemos descansar en la certeza de que Dios sigue escuchando a su pueblo y sigue obrando conforme a su perfecta voluntad.
Cuando te sientas solo, no midas la presencia de Dios por tus emociones, medila por sus promesas, porque Él permanece fiel aunque nuestras circunstancias cambien.
¿Necesitás oración?
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Una palabra puede fortalecer tu fe.
