El Próximo Paso de Dios

Hay temporadas en las que aquello que parecía seguro comienza a desaparecer, las fuerzas disminuyen, los recursos escasean y las certezas humanas se evaporan lentamente y es precisamente allí donde Dios nos enseña que nuestra verdadera seguridad nunca estuvo en el arroyo, sino en Él.

"Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra." (1 Reyes 17:7)

El contexto de este pasaje nos lleva a uno de los momentos más difíciles de la historia de Israel. Debido a la idolatría promovida por Acab y Jezabel, Dios había decretado una sequía sobre la nación. En medio de ese escenario, el Señor envió a Elías junto al arroyo de Querit, donde milagrosamente era alimentado por cuervos, sin embargo, llegó el día en que el arroyo se secó.

Es interesante notar que el arroyo no se secó porque Dios hubiera abandonado a su profeta, tampoco porque Elías hubiera pecado o perdido el favor divino. El arroyo se secó porque Dios estaba preparando el próximo paso de su plan.

Muchas veces nosotros interpretamos la escasez, las puertas cerradas o los cambios inesperados como señales de ausencia de Dios, pero las Escrituras nos muestran una realidad diferente. A veces Dios permite que ciertas fuentes se agoten para enseñarnos a depender nuevamente de la Fuente.

Cuando el arroyo desapareció, la provisión de Dios no terminó, simplemente cambió de forma. El Señor condujo a Elías hasta Sarepta, donde una viuda con recursos insuficientes se convertiría en instrumento de su provisión. Humanamente, aquella mujer era la persona menos indicada para sostener a un profeta durante una hambruna, sin embargo, Dios no depende de las posibilidades humanas para cumplir sus propósitos.

Más tarde, Jesús enseñaría esta misma verdad cuando dijo: "Mas busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33). Nuestro llamado no es vivir obsesionados por el mañana, sino buscar al Señor y confiar en su cuidado providencial.

Quizás hoy algunos de nosotros sentimos que nuestro propio arroyo se está secando, tal vez se trate de recursos, oportunidades, fuerzas emocionales o respuestas que todavía no llegan. En esos momentos, la tentación es concentrarnos únicamente en lo que estamos perdiendo, pero Dios nos invita a mirar más allá del arroyo.

El mismo Señor que sostuvo a Elías sigue gobernando cada circunstancia de nuestra vida, nada se seca fuera de su control, nada cambia sin que su mano soberana lo permita, y cuando una etapa termina, su fidelidad permanece intacta.

La fe madura no consiste solamente en confiar cuando el arroyo fluye abundantemente, también aprende a descansar cuando el arroyo se seca, sabiendo que Dios ya está preparando el próximo paso, porque nuestra esperanza nunca estuvo en la provisión, siempre estuvo en el Proveedor.

No pongamos nuestra confianza en los recursos temporales, pongamos nuestra confianza en el Dios que jamás deja de sostener a sus hijos.

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Si hoy identificás un "arroyo seco" en tu vida, ¿qué verdad sobre la fidelidad de Dios te ayuda a seguir confiando mientras esperás Su próximo paso?

©2026 Adrian Cepeda | CeMu Christian Network Co.

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