"Así dice Ciro, rey de Persia: “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha designado para que yo le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien de entre ustedes sea de Su pueblo, suba allá, y el Señor su Dios sea con él” 2 Crónicas 36:23 NBLA
Este versículo aparece en las últimas líneas de 2 Crónicas y tiene un peso enorme dentro de la historia de Judá. Jerusalén había sido destruida, el templo había sido incendiado y el pueblo había sido llevado al exilio y sabes que la catástrofe no ocurrió de manera arbitraria sino que a lo largo del relato bíblico, Dios había advertido repetidamente a su pueblo acerca de su infidelidad y lo había llamado al arrepentimiento. El juicio llegó como consecuencia de esa rebelión persistente y allí, precisamente cuando el relato parece terminar entre cenizas, aparece una palabra inesperada diciendo: «Jehová [...] sea con él, y suba». Dios estaba comenzando a cumplir su promesa de restauración.
El final de 2 Crónicas no es simplemente una historia de reconstrucción material sino una declaración acerca de la soberanía y fidelidad de Dios. Él había anunciado juicio, el juicio ocurrió, y luego Él mismo abrió el camino para el regreso. El Dios que disciplina a su pueblo también es el Dios que cumple sus promesas, por eso, cuando nosotros atravesamos una temporada de ruinas, necesitamos distinguir entre arrepentimiento y condenación. Si hemos pecado, no necesitamos esconderlo delante de Dios, lo que necesitamos es confesarlo.
La esperanza bíblica no depende de que todo esté bien alrededor nuestro, depende del carácter de Dios.
Tal vez hoy llegamos delante del Señor con cosas que no sabemos cómo ordenar. Hay decisiones que lamentamos, relaciones heridas, oportunidades perdidas, pecados que necesitamos confesar, temores que nos están agotando o circunstancias que sencillamente están fuera de nuestro control. Podemos traer todo eso delante de Dios con honestidad y quizá el paso que necesitamos dar hoy no sea resolverlo todo, quizá sea volvernos hacia Él, abrir la Biblia, confesar nuestro pecado, pedir perdón, buscar dirección, orar nuevamente, volver a congregarnos, pedir ayuda, dar ese paso de obediencia que durante tanto tiempo hemos postergado.
La restauración pertenece a Dios, nuestra responsabilidad es responder con fe y obediencia a su Palabra.
Las cenizas no tienen la última palabra, Dios la tiene! y cuando nuestra esperanza está fundada en Él, podemos caminar aun en medio de procesos que todavía no comprendemos.
No intentés reparar toda tu vida en un solo día, volvé hoy tu corazón al Señor y obedecé el próximo paso que su Palabra ya te mostró.
Si hoy estás atravesando una situación que necesitás presentar delante de Dios, podés enviarnos tu petición de oración a oraciones@cemu.com.ar. Queremos acompañarte y orar por aquello que estás viviendo.
No camines solo en este proceso.
Si hoy pudieras entregarle al Señor una sola “ruina” de tu vida para comenzar a reconstruirla con Él, ¿cuál sería?
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