“Aumentarás mi grandeza, Y volverás á consolarme”. Salmos 71:21 RVA
El Salmo 71 es la oración de un creyente mayor, probablemente David en su vejez, que mira hacia atrás recordando la fidelidad de Dios mientras atraviesa nuevas amenazas. No ruega desde la desesperanza, sino desde una vida marcada por la experiencia con un Dios que lo sostuvo desde su juventud.
Este versículo expresa la certeza de que Dios no solo lo levantará nuevamente, sino que también lo consolará.
Sabes que hay momentos, en los que sentimos que lo que nos rodea intenta disminuírnos, no se, una traición, un fracaso, una enfermedad, una temporada emocionalmente desgastante, pero es ahí donde este versículo se vuelve como un abrazo del cielo diciéndonos: “Aumentarás mi grandeza…” No habla de orgullo ni de éxito terrenal, sino de una obra interna, profunda y espiritual. Es Dios haciéndonos crecer cuando pensábamos que ya no quedaba fuerza para nada más.
A veces, caminamos la vida creyendo que el dolor nos achica, pero en el Reino, Dios suele usar los golpes para ensanchar el alma. David lo aprendió en su vejez, después de haber pasado por persecuciones, decepciones, pérdidas, y hasta la dolorosa rebelión de su propio hijo Absalón, y aun así pudo decir: “Señor, vas a volver a consolarme.” Qué declaración tan íntima, tan humana y tan verdadera.
Porque si algo aprendemos siguiendo a Cristo, es que Dios no nos descarta por nuestras cicatrices, sino que las usa, las redime, las sana desde adentro, y cuando el cansancio o la tristeza intentan apagarnos, Él vuelve, siempre vuelve, pero vuelve con consuelo para mostrarnos lo que viene.
Cada vez que atravesamos sufrimientos que parecen injustos o interminables, como le pasó a David con Absalón, sentimos la tentación de creer que Dios se alejó, pero este salmo nos afirma lo contrario, Dios está trabajando incluso cuando todo parece derrumbarse. Y no solo trabaja, sino que aumenta nuestra grandeza espiritual, esa que no se mide en logros, sino en profundidad, madurez y confianza.
Y cuando esa obra interior avanza, llega su consuelo, un consuelo que no es un “ya pasó, olvidate,” sino un “estoy acá, sigo acá, y voy a restaurarte.” Eso es lo que Dios promete, presencia que no falla, consuelo que reconstruye, y un crecimiento que nace en los lugares más difíciles de la vida.
Por eso, aun si hoy te sentís desgastado, herido o con el corazón lleno de preguntas, recordemos juntos que lo que Dios comenzó, lo va a completar, y lo va a completar con amor.
Tomate hoy cinco minutos para escribir dos cosas: una herida que aún duele y una forma en la que viste la fidelidad de Dios antes. Después orá, deja que Dios te consuele, ese pequeño acto abre espacio a su restauración.
Si estás enfrentando un tiempo duro, no tenés por qué caminarlo solo, con mucho cariño, quiero acompañarte en oración. Podés dejar tu pedido en acepeda@cemuproducciones.com. Será un privilegio orar por tu consuelo y por ese crecimiento que Dios ya empezó en vos.
Gracia y Paz!
Adrian Cepeda
Director General
acepeda@cemuproducciones.com
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