El Evangelio No Tiene Barreras


"Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias.
"
Colosenses 4:2

La iglesia primitiva comprendió que la expansión del evangelio no dependía de la comodidad de los creyentes, sino de la dirección soberana de Dios, por eso Pablo exhorta a los creyentes de Colosas a perseverar en oración y antes de abrir nuevas puertas para la misión, Dios primero transforma el corazón de quienes serán enviados.

Esa verdad se hace evidente en Hechos 10. Pedro había crecido convencido de que existían barreras que no debían cruzarse, pero, el Señor, mediante una visión y la obra del Espíritu Santo, derribó esos prejuicios y lo condujo hasta la casa de Cornelio, un gentil. Allí Pedro comprendió que "Dios no hace acepción de personas" (Hechos 10:34). El evangelio no estaba limitado a una nación, una cultura o una condición social; la gracia de Dios alcanzaría a todos aquellos que Él llamaría por medio de Cristo.

Nosotros también podemos levantar barreras en nuestro corazón, incluso a veces evitamos acercarnos a ciertas personas, preferimos mantener distancia de quienes piensan diferente o nos sentimos incómodos frente a situaciones que desafían nuestra rutina, sin embargo, el Señor continúa formando un pueblo que refleje su compasión y anuncie las buenas noticias sin favoritismos ni prejuicios. 

La misión nunca consiste en adaptar el evangelio a la cultura, sino en llevar el evangelio fielmente a toda persona que Dios pone en nuestro camino.

Cuando permanecemos en oración, como enseña Colosenses, nuestro corazón comienza a alinearse con el corazón de Dios, y allí el temor cede lugar a la obediencia, el orgullo es reemplazado por la humildad y descubrimos que el Espíritu Santo nos fortalece para amar a quienes antes habríamos evitado. No somos enviados porque seamos capaces, sino porque el Señor ya va delante de nosotros preparando la obra que Él mismo realizará.

Quizás esta semana Dios nos invite a cruzar una frontera que no es geográfica, sino espiritual como el perdonar a alguien, acercarnos a quien está solo, compartir el evangelio con un compañero de trabajo o tender una mano donde antes había indiferencia. Allí donde nuestra comodidad termina, muchas veces comienza la obra que Dios quiere hacer para su gloria.

Antes de evitar una conversación, una persona o quizás una oportunidad de servir, oremos, porque muchas veces el lugar que más resistimos es precisamente donde Dios quiere manifestar su gracia.

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¿Qué "frontera" sentís que Dios te está llamando a cruzar hoy para reflejar el amor de Cristo: una conversación, un perdón, una persona o un paso de obediencia? 
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